Hipocresía nacional
A muchos legisladores les resultaría muy útil la lectura de El Principito para no estar expidiendo leyes a sabiendas de su posterior desatención, como pasa con la inocua norma que prohíbe a los funcionarios públicos hacer política. Gracias a la abierta participación de los funcionarios públicos en “política” es que Colombia no tiene un mayor índice de abstención, como si los márgenes existentes no cuestionaran “per se” su precaria legitimidad.
Desde la instauración del frente nacional, la única motivación que tienen los electores en participar en nuestra democracia electoral estriba en la posibilidad de vincularse al Estado, con la condición que, de lograrlo, garantice en adelante determinado número de sufragantes. De esta manera se entiende la figura de la reelección o la continuidad gubernamental de ciertos sectores políticos y en sentido contrario, la dificultad para acceder al poder de quienes no tienen clientela.
De ahí la hipocresía del debate actual frente a la actuación política o, mejor, politiquera del Vicepresidente de la República.
Claro que está politiqueando. ¿Qué hacer? acusarlo ante la Procuraduría que no solo hace política con desparpajo, sino que “delinque”, en palabras del expresidente Gaviria. Si algunos politiquean en este país son los titulares de los organismos de control, que tienen patente de corso para criticar todo lo que hace un gobierno, sin atender a sus dificultades fiscales o administrativas. Nada más cómodo que criticar en medio del descontento, de hacerlo irresponsablemente para la galería, apelando a la ingenuidad de la gente que no alcanza a develar sus agendas políticas ocultas.
En Colombia los únicos que hacen política son los que lo tienen prohibido. El día que todos hagamos política, estas prohibiciones no serán necesarias. Este país santanderista nada tiene que ver con el real.