Hormonas y economía

Rodrigo F. Chois

Estoy convencido de las bondades de muchas hormonas, sobre todo de las de la testosterona.

Mi género me hace idealizar a esta, por antonomasia, la “hormona masculina”.

La competitividad, el vigor, la hombría –característica que las atrae mucho a ellas si son femeninas-, más el constante deseo de satisfacer las cuatro letras (las de la palabrita que comienza con S, tiene una X en medio y termina en O); hacen que esta hormona sea muy valorada no obstante el falso paradigma que le han imputado de ser causante de la agresividad.

Pero ahora, fuera de las virtudes señaladas, debo añadir una más a la lista: la de ser una variable de suma importancia en la actividad y desarrollo de los mercados financieros.

En recientes estudios adelantados por las universidades de Cambrige, Alicante y el Imperial College de Londres; se ha podido constatar, a través de experimentos controlados, cómo altos niveles de testosterona influyen de manera directa en el volumen y monto de las transacciones bursátiles.

Esto para los economistas podría convertirse en el “estartazo” deseado para salir de una crisis o de la casi paralización en la que nos ha postrado la pandemia.

Alcanzaría a sugerir que, junto con la controvertida vacuna, los gobiernos deberían inocularles a los actores de la bolsa una dosis extra de la tan preciada hormona.

Con seguridad tendríamos inmediatamente un gran despegue; pero luego, la sabiduría de los cuerpos humanos haría que la preciosa hormona deje de producirse en ellos y nos condenaría a todos a un mal peor.

En conclusión, Keynes tenía graciosa razón al advertirnos que en el largo plazo… ¡Todos estaremos muertos!

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miércoles 17 de marzo, 2021

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