Implementar y refrendar
El referéndum ya sea presidencial o popular, es muy complejo, por la cantidad de preguntas que conllevaría para lograr la participación de la ciudadanía aprobando lo pactado en La Habana y al mismo tiempo reformando la Constitución en las urnas, característica del referendo, se requiere dentro de este mecanismo que se vote cada tema con preguntas diferentes, ello obstaculiza la votación rápida en los puestos electorales y no deja al ciudadano discernir.
Además las mayorías que requiere son altísimas según. El referendo, si no fuera tan complejo, sería en este momento histórico el mecanismo más apropiado porque refrenda y reforma o sea implementa de una vez lo acordado.
El trámite de ley estatutaria para desmontar el umbral y la clase de mayoría que requiere está desgastando al Gobierno, a los congresistas y fatigando a la población que no entiende de estos calambures jurídicos sobre los mecanismos de participación.
Están buscando con el trámite de una ley estatutaria bajarle el umbral para que pase por mayoría simple ya que requiere la participación de la mayoría del censo electoral, es decir algo más de 14 millones de votos.
Entonces en la reforma actual están proponiendo una meta de aprobación del 13 % del censo electoral, es decir, unos 4 millones cuatrocientos mil votos, o sea una aprobación programada, reformada y calculada: esto recorta la legitimidad real, no es legitimidad plena. Por la abstención crónica y como no existe el voto obligatorio para poder medir la participación de todos, entonces lo único que pretenden es un acto formal de votación para dejar constancia de que el pueblo refrendó. Un plebiscito así como constancia es innecesario e inútil.