¿Independencia?

Estaba cantada la elección del procurador Edgardo Maya, señalaron los uribistas, pero olvidan que han estado también cantadas, incluyendo por supuesto durante la administración Uribe, todas las elecciones de los representantes de los organismos de control, del fiscal, de los magistrados de las súper cortes y en general de los miembros de todos los poderes más influyentes de nuestra deplorable democracia.

El presidencialismo defendido por Bolívar para garantizar la cohesión de la república, quedó reducido a la potestad sin límites que tiene el ejecutivo de elegir o determinar la elección de los principales personeros de la institucionalidad colombiana.

¿Qué independencia puede tener un procurador elegido por el congreso, cuyas mayorías se conforman a partir de la capacidad nominadora del Gobierno y la seducción del dulce presupuestal? Ninguna. Este fenómeno también se reproduce desde luego en los distintos niveles del territorio nacional, algunas veces incluso con mayor vulgaridad.

Pero ahí no para el asunto. El presidente, los alcaldes y los gobernadores se ven obligados a procurarse amigos en los organismos de control y en los demás poderes que le rondan, porque de lo contrario pueden vivir infiernos como el vivenciado por Petro o la experiencia de Salazar, exalcalde de Medellín, sujetos de la furia tridentina del procurador Mariano.

Se convirtió en un lugar común en Colombia, que quien tiene cierto poder institucional pretenda coadministrar, chantajear o favorecerse de los favores que eventualmente pueda prodigarle el gobernante de turno.

Todo este asunto no hace más que evidenciar la necesidad de tramitar una reforma política, que otorgue transparencia e independencia a los poderes encargados de “respirarle en la nuca” al Gobierno, sin que por el contrario osen besarle o hincarle los colmillos. Mientras esto no acontezca, lo que tenemos es una democracia de fachada.

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    miércoles 20 de agosto, 2014

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