Indignación
En los últimos años y a raíz de la polarización política de nuestro país, se ha comenzado a percibir un completo desbalance entre lo que es realmente importante versus lo que parece e interesa como importante.
Comenzamos a observar como los mensajes e intereses políticos comienzan a posicionarse como algo más relevante que la misma dignidad humana.
Estamos reviviendo estupefactos nuestra asistencia de manera paulatino a imágenes dantescas e impensables en un país que deba considerarse como un referente a nivel internacional, tal como comenzó a ser percibido el nuestro tan solo un par de años atrás. Parece que ese “milagro colombiano” se comenzara a esfumar poco a poco y se fuera yendo como agua entre los dedos.
Es increíble que en estas últimas semanas, hayamos presenciado sendas masacres en diversas zonas del país y la sociedad en sí misma se encuentre enfrascada en un discurso caldeado pero completamente anacrónico, donde hay autodefiniciones más propias de la guerra fría que de la segunda década del siglo XX.
Entre connacionales se marcan diferencias, casi que irreconciliables, que llevan consigo la deshumanización psicológica e intelectual del otro, dividiendo el país en dos bandos que llevan a clasificaciones binarias y carentes de argumentos.
Es cierto que Colombia en sus más de 210 años de existencia, ha presenciado muy pero muy pocos años de tranquilidad y paz, pero ¿será que esa realidad nos ha llevado a acostumbrarnos a la violencia? O lo que es peor ¿será que como sociedad comenzamos a añorar épocas de infamia y dolor?¿Será que en nuestro país es posible que un discurso político que no tenga el belicismo cale en la población?
Estos interrogantes nos llevan a otros igualmente polémicos y que a su vez traen consigo una reflexión más profunda sobre el papel que han adelantado históricamente los grupos de presión social, política, económica y comunicacional en el país.
Colombia merece seguir un camino sostenible hacia la pacificación de sus territorios, pero, y a partir de los hechos tan abrumadores que han sucedido en los últimos días donde la gran mayoría de sus víctimas han sido los jóvenes ¿Cuál ha sido el plan de choque real e integral del gobierno nacional? ¿Cuáles son las medidas de intervención sostenibles, que vayan más allá de demostraciones políticas, que han tomado las alcaldías para la atención integral de este grupo poblacional?
Urge que las autoridades nacionales y locales tomen cartas contundentes en el asunto. El país no puede seguir viviendo “rachas de violencia”, no puede seguir naturalizando y de alguna manera “justificando masacres”. No puede seguir retrocediendo y dando tumbos a la mejor manera del siglo XIX, siglo en el que presenciamos la llamada “Patria Boba” y el territorio soportó cinco guerras civiles en menos de 100 años.
Es necesario que los ciudadanos exijamos resultados reales que vayan acompañados de acciones integrales del entramado institucional en los territorios. Es momento de comenzar a tomar el control del territorio, no solamente pensando en el campo militar y policial, también hay que llevar oportunidades económicas, educación, servicios de salud e infraestructura a las regiones.
Está pandemia nos ha demostrado algo, en Colombia no sólo ha afectado el desarrollo de las regiones la debilidad financiera y económica del Estado, en esencia la ha afectado es la falta de voluntad política.
Estamos nuevamente tocando fondo y no todo debe ceñirse a la figura mesiánica de un líder político, debe estructurarse un verdadero ejercicio político-ciudadano que fortalezca la institucionalidad del país por sobre todas las cosas. Sin institucionalidad, este será un país inviable.
En los últimos 15 años comenzamos a ser percibidos nacional e internacionalmente como un país con potencial, con una viabilidad prominente en los llamados países emergentes, sin embargo, los hechos de las últimas semanas, parecen comenzar a tirar al traste con lo poco que habíamos logrado.
Es momento de debate público, sí, pero del real, de aquel que verdaderamente incide y busca proteger la dignidad de los colombianos.
No podemos seguir viviendo momentos de barbarie y zozobra, como colombianos y aún más como seres humanos en este momento deberíamos sentirnos realmente indignados.