Indignados y culpables

Hugo E. Gamboa Cabrera

Cada cuatro años llega al poder un nuevo presidente de Colombia y a muchos los invade la esperanza de un mejor futuro y a otros la oportunidad de vilipendiarlo, ya sea por razones estratégicas de los opositores o porque realmente no pudo o no supo gobernar. Pues ahora le tocó el turno a Iván Duque. No se salvó ni por buena gente ni por bien intencionado.

Así como a Belisario Betancourt se le atravesó la tragedia de Armero, a este joven le llegó una pandemia que lo obligó a echar mano de un hueco fiscal que heredó del gobierno anterior, teniendo que endeudarse a montones para traer ventiladores y vacunas, a precio de dólar. De lo contrario, ya habría sido acusado de criminal de lesa humanidad, pues en Colombia existen muchas fundaciones y colectivos especializados dizque en derechos humanos, que solo van, como aves de rapiña, detrás del billete que la Corte Interamericana establezca contra el gobierno de turno.

Sin embargo, no puedo pasar por alto el hecho de que su ministro de hacienda, el inefable Carrasquilla, pretenda ahora, con la ayuda de una camarilla del Congreso, ávida de mermelada, de cobrarle impuesto a las pensiones de dos millones y medio en adelante. Me parece infame, sobre todo cuando esas pensiones son ahorros de quienes trabajaron durante muchos años y de repeso, le aplicaron un doce por ciento para salud, cuando las promesas incumplidas de Santos eran las de dejarlas en un cuatro por ciento. Piensen mejor en la posibilidad de crear un Congreso unicameral que sirva para ahorrar mucho dinero. Eso sería pensar en el país.

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miércoles 31 de marzo, 2021

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