Infartó el WhatsApp

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

El infarto mundial del WhatsApp produjo pánico durante dos horas entre sus mil millones de usuarios, más grave que haber sufrido otro apagón.  Nos demostró su vulnerabilidad y como somos dependientes del Smartphone, aquel aparato  inherente a nuestra corporalidad,  que relevó al reloj   y  arrulla la existencia con sus soniditos anunciadores de mensajes, audios y videos. Después del apagón,  ese mensaje viral de que  “por  el silencio  del WhatsApp  me di cuenta que tenía familia”, fue una reflexión sobre su gran paradoja: resuelve nuestros problemas existenciales, pero deshumanizándonos. Sí, porque enviamos flores gratis, imaginarias y sin perfume.

Felicitamos con tarjetas virtuales y dedicamos frases de amor con vasta  escogerlas entre las virales.  Ahora nuestras visitas íntimas son a través de videollamadas. Si visitamos  en persona, somos irrespetuosos por la manía de agacharnos a repasar mensajes. Los escolares se abstraen de clase conectándose a audífonos desde su  Smartphone y resuelven su deber de copiar tareas tomando fotos del cuaderno ajeno.   Qué hubiera sido de nosotros sin ese marcapasos con  pantalla, que calma la soledad haciéndonos sentir vivos con afectuosos saludos anónimos. Que cura miedos y cultiva esperanzas con recetas espirituales  y  cadenas de sanación.

Que nos reserva chimes y chistes  de todos los colores, igual  que los sexting para   voyeristas. Que contagia la tentación de importunar a los  amigos  reenviándoles audios a cualquier hora, a media  noche o a la madrugada. En el referéndum,  el Sí  y  el No  ganaron  adeptos a punta de WhatsApp.   Recomendaría a los políticos que para blindar de la corrupción sus  campañas,   mejor se  dediquen  a whatsappiar. Sale más barato.  

Comments

    sábado 6 de mayo, 2017

    Otras Noticias