Inseguridad en Cali

Alberto Ramos Garbiras

La ETA, grupo terrorista de España, empezó a operar en julio de 1959 en pleno desenvolvimiento de la dictadura franquista, inició como una disidencia del Partido Nacionalista Vasco y ejecutó asesinatos selectivos que desde 1968, fueron 52 años de presión al gobierno central de Madrid reclamando la independencia Vasca y 43 años de violencia sistemática que atemorizó a los españoles hasta el 2011; un total de 829 crímenes perpetraron, reseñados así: 343 civiles y 486 miembros de la fuerza pública.

Ya citamos la cifra espantosa de 28.000 asesinados en Cali en 15 años (del 2000 hasta el 2015), ningún año con menos de 1000 personas. Si tomamos los últimos dos años de muertes violentas en Cali observamos que en el 2016 se registraron 1298 asesinatos, y en el 2017 un total de 1227 (el año pasado figuró Cali como la ciudad más violenta de Colombia); esta realidad nos constriñe a la reflexión, nuevamente. Las muertes callejeras de Cali no son del conflicto interno, no son del terrorismo, son de violencia común multicausal dispersa.

El jueves 22 de febrero la Alcaldía anunció el comienzo de la operación Esperanza en 55 semáforos de la ciudad y en otros sitios calientes, actuaciones conjuntas de Policía y el Ejército, plan que reemplaza el Plan Atarraya del año pasado. Pero el despliegue de fuerza pública no será suficiente (siempre lo desmontan a los pocos días), se necesitan otras acciones de inclusión social.

La violencia debe ser combatida con medidas de prevención del delito y desarrollo social para prevenir la violencia, entre ellas extensión de la educación, porque la falta de escolaridad incrementa los infractores de las normas vigentes.

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lunes 26 de febrero, 2018

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