Jazz poético
Huyendo de la ciudad ruidosa e insegura busqué refugio en una apacible vereda. Mis amigos critican el costo cultural por mi ausencia en las buenas programaciones citadinas: festivales de arte, poesía, teatro y música. Créanme: eso no es absoluto.
Me arriesgué y bajé a la ciudad al XXIII Festival Internacional de Poesía de Cali, precisamente el jueves, porque anunciaron un conversatorio sobre la aproximación del jazz a la poesía, o viceversa, resultó siendo lo mismo, entre Diego Pombo y Miguel Iriarte.
Nuestra ciudad de Santiago de Cali tiene la fortuna que por las locuras del maestro Diego Pombo, cuenta desde hace años en el barrio San Fernando, a pocos pasos de la calle Quinta, con el espacio apacible de la Salamandra. Otrora conocí el lugar seducido por una función teatral del Barco Ebrio.
Me sorprendí cuando descubrí que Diego Pombo, uno de los pintores caleños vanguardistas de los años setenta, escultor de Jovita junto a Santa Librada, Píper Pimienta Díaz en el parque Obrero y La Maseta en San Antonio, era un hombre polifacético: amable conversador, crítico de jazz, amante del teatro y director de Salamandra, esa morada donde sólo se respira arte desde la entrada.
Los genios del jazz, desde el lugar donde estén, bien pueden exclamar: “Diego Pombo te debemos mucho”: héroe que insiste en cultivar jazz en una ciudad salsera, cuyos soneros y bailadores, tal vez olviden que las partituras alegres también tiene en sus raíces sonidos tristes provenientes de Nueva Orleans. Por eso mucha curiosidad me causó la programación del conversatorio.
Es fácil extraerle poesía al bolero, a la balada y a la misma salsa.
¿Pero al jazz? no sospeché la estrategia con la que sorprenderían al público Diego Pombo y Miguel Iriarte.
El pintor caleño tiene claves en sus cuadros de la proximidad de jazz y pintura, además, es un reconocido erudito sobre esa música.
Pero esta vez nos hizo manguala con Miguel Iriarte, más que amante del jazz, es un buen poeta.
La pulcra audición de las interpretaciones jazzísticas, estuvieron antecedidas o con fondos de versos de Miguel Iriarte.
La competencia entre la música y los versos, aceleró los ritmos cardiacos del público.
“Louis Armstrong/ Brazo fuerte de este río/ Corriente principal de un arte de tristeza/ Cantada/ Con toda la boca, la risa y la trompeta/” (…) “¡Quién le torció la trompeta a Giellespie”/ ¿Quién le pegó las paperas!/ ¿Quién lo convirtió en pajazzo/ polirrítmico/ De una música que ha salvado/ Más hombres que todas las iglesia! (…) “Ellington hace una visita/ Está tocando la música/ A mi puerta/ Y no se irá si no le abro/ El corazón/ ¿Cuáles arreglos querrá enseñarme hoy?/ ¿Qué extraños instrumentos guardará en mis oídos?/ ¿Con qué argumentos encantará mi tiempo?”. Al finalizar entendí perfectamente el talento poético de Miguel Iriarte: “Muchas veces he dicho, medio en broma medio en serio, que soy poeta porque no he podido realizar mi verdadero sueño. El de ser músico de jazz”.