JEP
La recién creada Justicia Especial para la Paz (JEP), tiene mucho de una psicopatología denominada dismorfia corporal, que consiste en que las personas no se encuentran satisfechas con partes de su cuerpo y por eso acuden a cirugías múltiples, para superar las posibles “deformidades”.
Pues así sucedió con nuestra Constitución política, a la que consideraron que debían intervenirla para subsanar algún posible defecto, o quizá alguna deformidad imaginaria, que en la negociación de la Habana le vieron quienes hoy están aguantando hambre voluntariamente para hacerse víctimas cuando se sabe de su inclinación al delito; o por quien huye desesperado para evitar la extradición, porque sabe lo que ha hecho. Y entonces incluyeron la creación de un tribunal supremo, para que juzgara sus fechorías y abominables crímenes de manera menos rigurosa.
Y la cirugía innecesaria porque aquí la Corte Suprema podía haber juzgado sus fútiles delitos, salió como se esperaba: mal.
Y es evidente que no se sabe qué hacer con esa JEP, los magistrados se posesionaron y no han emitido el primer fallo, pero sí han derrochado y peleado a dentelladas por la módica suma de 3,7 millones de dólares que se gastaron en un año y que era producto de donaciones internacionales; y una suma enorme en contratación, más los cargos que tiene a su disposición que hace lagrimear a cualquier político en campaña, lo que conllevó al secretario ejecutivo de ese “Frankenstein”, Néstor Raúl Correa, a presentar su renuncia.
Esperemos que les llegue el caso Santrich, o mejor “Trichi”, para que evidenciemos la tendencia ideológica de ese tribunal, que ya se sabe cuál es, pero aquí nos gusta todo como a San Agustín…