Kremer, el cartógrafo
Con tradición de buen cuentista, en esta ocasión Harold Kremer llega con una novela corta que nos envuelve en una trama que, seguramente, han vivido nuestros abuelos o padres en el Valle del Cauca, incluso en Colombia, pero que, con maestría de narrador disciplinado, logra ubicar en Buga (su tierra natal) para consagrarse como cartógrafo social o novelista cartógrafo.
Hay un apasionamiento pleno en su texto sobre los mapas, evoca a Dante y su cartografía del infierno, pero igual nos lleva a través de sus palabras a conocer el parque Cabal, la panadería Canaima, que siempre se encuentra llena, de manera tal que nos va delimitando un mapa de la ciudad señora y de su adolescencia con todas las experiencias de ese período.
Kremer nos muestra su fascinación de infancia por los mapas, el universo completo reducido a la magia del trazo delineado…
Y así va hilando una historia de la violencia del centro del Valle. Deja ver en algunos pasajes criminales ideológicos al Cóndor y su séquito del mal, rondando las calles de Tuluá y alrededores; y en el seno del hogar del narrador, se gesta la más atroz de las tragedias.