La caducidad de algunos
Si algo tiene jodido a nuestro pías, no de ahora, son ciertos liderazgos que causan mucho daño. Uno de ellos, el de César Gaviria Trujillo, quien hace varios años fungió como Presidente de Colombia gracias al funeral de un grande como Luis Carlos Galán Sarmiento. Este señor introdujo a Colombia el neoliberalismo salvaje asesorado por otro inconsecuente como Rudolf Homes, quienes, vaya a saber uno bajo qué compromisos internacionales, arrasó con el campo al aplicarnos una apertura económica pavorosa. Desde allí empezó el país a padecer funestas consecuencias fiscales y, desde entonces, ha sido difícil volver a normalizarnos.
Ahora posa de jefe de un partido anquilosado, como el Conservador, sin que permita la llegada de gente con una mentalidad más actualizada. Se lava las manos descaradamente. Otro es Ernesto Samper, quien sacó las uñas como izquierdista, por no decir comunista, que también le causó al país grandes dolores de cabeza; de pronto casi no habla dentro del país, tal vez por vergüenza por lo que sabemos pero, a nivel internacional, sobre todo en el Foro de Sao Paulo, donde es ficha “importante”, pretende que en nuestro país se instaure otro régimen como el venezolano. Juan Manuel Santos, de quien se dice que dejó muchos huecos fiscales para comprar un Nobel, a quien no se le realizó un corte de cuentas cuando terminó su período, es otro que dejó la patria vuelta añicos en todo sentido. Germán Vargas Lleras, a quien “quemaron” en las urnas pero ahora a muchos se les ocurre decir que sería la “salvación” por ser de mano dura, como su abuelo; infortunadamente, como hombre de confianza de Santos, manejó lo concerniente a la infraestructura nacional, con tan mala suerte, que grandes obras se le vinieron al piso, no sabemos si por tener más arena que cemento o por malos diseños.
Álvaro Uribe, a quien le debemos muchas cosas, entre ellas lograr que los alcaldes amenazados pudieran despachar nuevamente desde sus municipios, acabar con los secuestros en carretera, dejar un PIB bien importante, una bonanza petrolera inmensa, una política de inversión extranjera con buen empleo, debe retirarse a sus cuarteles de invierno para evitar que la izquierda lo siga tomando como trompo de toda fiesta. Finalmente, Gustavo Petro, quien lleva muchos años en la contienda política, desde el monte hasta lo urbano, el que de alguna manera ha polarizado o radicalizado la política, hasta el punto de tener a unos en contra de otros, a punto de una guerra civil o a fragmentar mas y más una patria sufrida y pauperizada.
Todavía no llega la izquierda o comunismo al poder y ya sentimos sus tentáculos: Colombia hoy es un país triste, con desabastecimiento. Solo nos falta la cartilla para el racionamiento alimenticio. Sin educación, pues los docentes deben estar armando el adoctrinamiento ideológico. Sin salud, pues está prohibido el cargue y descargue de medicamentos llegados del imperialismo británico o gringo. No importan los muertos. Sin fútbol, que tanto nos gusta, pues esa no es pasión revolucionaria. Sin podernos mover de nuestras casas, está prohibido, pues podemos ser peligrosos enemigos. En fin, ya empezó todo el país a gozar o a padecer las mieles o la hiel, según el gusto de cada quien.