La campaña que cambió para siempre el marketing político en Colombia

Tomás Lombana Bedoya

Sin lugar a dudas, la estrategia presidencial de estas elecciones quedará en la memoria colectiva como un antes y un después en la historia del marketing político en Colombia.

Las próximas generaciones de consultores, estrategas y asesores políticos —y también quienes hoy apenas comienzan a dar sus primeros pasos en este oficio— tendrán que estudiar lo ocurrido entre 2025 y 2026 para entender cómo evolucionó la forma de hacer campañas en el país.

Nos encontramos frente a un abanico de campañas profundamente distintas entre sí. Sergio Fajardo apostó nuevamente por una fórmula que ya conocíamos: una estrategia coherente con su trayectoria, pero insuficiente para conectar con el electorado en un momento político diferente.

El resultado fue un cuarto lugar que confirma que repetir las fórmulas del pasado no siempre garantiza resultados futuros.

Paloma Valencia, por su parte, jugó una partida compleja que terminó siendo confusa para muchos votantes.

Pasó de representar el uribismo más ortodoxo a intentar convertirse en una candidata de centro durante la consulta, para luego llegar a la primera vuelta sin una identidad política claramente definida.

A esto se sumó el fenómeno de Daniel “El Rayito” Oviedo, cuya irrupción terminó generando más fragmentación en el voto de derecha que nuevos apoyos.

La campaña nunca logró recomponerse y terminó obteniendo menos votos que en la consulta, un resultado que puede calificarse como un fracaso estratégico.

Pero las campañas que realmente merecen análisis son las dos protagonistas de la primera vuelta: Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella.

Comencemos por la campaña que terminó en segundo lugar. Más allá de algunos aciertos, transmitió la sensación de haber asumido que la primera posición estaba asegurada.

No estaban preparados para el escenario de una derrota en primera vuelta y, cuando esta llegó, quedó en evidencia la ausencia de un plan claro para responder.

Desde entonces han intentado ajustar el mensaje y reorganizar la estrategia, pero las emociones y la narrativa pública ya habían sido capturadas por su adversario.

Y es precisamente la campaña de Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo la que probablemente será estudiada durante años en facultades, consultoras y equipos de campaña.

Desde su concepción, fue una estrategia diseñada con precisión. Se apoyó en una combinación permanente de información cuantitativa y cualitativa para entender el estado de ánimo de los ciudadanos, ajustar mensajes y tomar decisiones en tiempo real.

La inteligencia artificial fue utilizada más allá de la simple generación de contenidos; se convirtió en una herramienta de análisis, segmentación y optimización.

La segmentación fue otro de sus grandes aciertos. No se limitaron a dividir el país por regiones geográficas, sino que identificaron necesidades, preocupaciones y motivaciones específicas de distintos nichos de población.

En términos prácticos, construyeron una maquinaria electoral que funcionó las 24 horas del día, los siete días de la semana, integrando talento especializado, disciplina operativa y una coordinación territorial pocas veces vista en campañas colombianas.

Las regiones jugaron un papel fundamental. Hubo una ejecución disciplinada de las directrices nacionales y una capacidad notable para mantener la intensidad del trabajo político durante toda la contienda.

Nunca bajaron los brazos y hoy están a las puertas de alcanzar la Presidencia de la República.

Este éxito no puede entenderse sin analizar el liderazgo detrás de la estrategia.

El equipo de Estrategia y Poder, encabezado por Carlos Suárez, logró algo que suele marcar la diferencia en las campañas ganadoras: comprender profundamente al candidato.

Esa cercanía permitió sincronizar tres elementos fundamentales para cualquier victoria electoral: producto, campaña y momento político.

Tampoco puede ignorarse el papel del propio candidato. Abelardo de la Espriella entendió la importancia de seguir una hoja de ruta estratégica y mantuvo disciplina frente a las recomendaciones de su equipo asesor.

A su lado, José Manuel Restrepo aportó experiencia, credibilidad y capacidad de movilización en la etapa decisiva de la campaña.

Independientemente de lo que ocurra el próximo domingo, esta contienda ya dejó una lección para la política colombiana: las campañas modernas no se ganan únicamente con discursos o estructuras partidistas. Se ganan con estrategia, datos, tecnología, disciplina y una lectura acertada del momento histórico.

Y, gane o no gane la Presidencia, hay algo que ya parece claro: esta fue una campaña que elevó el estándar de la comunicación política en Colombia.

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jueves 18 de junio, 2026

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