La concentración del poder y la guerra civil de 1895
Tres guerras civiles se registraron al final del siglo XIX en Colombia, las tres contra La Regeneración, el proyecto político de Rafael Núñez para personalizar el poder, concentrar funciones, aumentar el presidencialismo, llevar a Colombia hacia el centralismo, introducir el bonapartismo a la criolla, fundar un partido que diluyera o borrara al liberalismo radical al que él había pertenecido, fundó el Partido Nacional (con liberales y conservadores, un frente-nacional decimonónico), retornar al estado confesional, recortar las libertades de la república afrancesada inspirada en la revolución francesa, imponer un control férreo sobre los administradores locales y regionales, domeñar la justicia y gobernar con un derecho de excepción por los recurrentes estados de sitio declarados. Esas tres guerras civiles fueron la de 1885(contra La Regeneración), 1895(contra el partido nacional) y 1899(la guerra de los mil días).
La guerra civil de 1885 la ganó Núñez, era el presidente del último período radical(2 años), con todos los recursos estatales, el ejército nacional fortalecido por guarniciones de las regiones y un cuerpo privado de 3.700 hombres no profesionalizados escogidos por el jefe conservador Leonardo Canal; ya había desconocido a los opositores en los anteriores estados soberanos que creó la Constitución de 1863, él los volvería 9 departamentos con la Constitución de 1886 porque instaló 18 delegados no elegidos sino seleccionados por él. Fue elegido para 6 años ampliando el período hasta 1892.
Casi 10 años de persecución y acorralamiento fue fastidiando a los liberales radicales. Como lo relata el historiador Eduardo Santa, las manifestaciones públicas estaban prohibidas; el liberalismo contaba solo con una curul en la Cámara de Representantes y ninguna en el Senado; muchos periódicos como el relator del expresidente Santiago Pérez, fueron clausurados y el papel confiscado; el fondo del partido liberal fue suprimido; las cárceles se llenaron de presos políticos; se practicaron torturas y ordenaron destierros; con la ley de los caballos vivía turbado el orden público declarando estados de excepción. La corrupción se reprodujo. Los contratos para construir los tramos del ferrocarril conllevaban a escándalos. Como lo expone Gonzalo España en su libro ”El país que se hizo a tiros”, a la sombra de esta clase de negociados, desgreños y arbitrariedades, florecían repentinas e insólitas riquezas, las llamadas fortunas de la Regeneración. La administración convertida en dispensadora de favores económicos fue tildada sarcásticamente de “compañía industrial”
Las tres guerras, viéndolo en retrospectiva, tienen que ver con la falta de gobiernos de partido y la falta de oposición democrática rígida. La convivencia de liberales y conservadores desde el gobierno de Julián Trujillo (1878-1880), la división del liberalismo los había debilitado. A su vez ambos partidos buscaron aliados en el conservatismo (nacionales e históricos). O sea, el comportamiento de consocios desfiguró la dirección de la política y de los gobiernos. La falta de dirección orgánica de los liberales radicales hizo perder el rumbo de la oposición sistemática porque durante los gobiernos de Tomás Cipriano de Mosquera, Murillo Toro, Santiago Pérez, Aquileo Parra, fueron laxos y tolerantes con la dirección de los estados soberanos que por su misma estructura federal debilitó al Estado nacional o de la Unión, sin recursos suficientes y con la dispersión de códigos y milicias no ejercía la soberanía sobre todo el territorio.
La guerra de las escuelas (1876-1877) fue una guerra entre católicos y laicos, entre liberales y conservadores, aunque ganada por los radicales fue administrado el triunfo por el embrionario y aún no naciente partido nacional concebido por Núñez que puso presidente hábilmente y minó los poderes del radicalismo en las regiones a través de guerras locales disfrazadas de control por la recuperación del orden público, haciéndose presidente en el periodo siguiente(1878-1880)para desembozar su proyecto político regeneracionista. La guerra de guerrillas fue el método que los partidos insurrectos utilizaron. Los partidos recién fundados formalmente a mitad de siglo se convirtieron en aparatos de guerra. Las guerrillas conservadoras y las guerrillas liberales de 7 guerras civiles del siglo XIX dejaron un ringlero de muertos con personas reclutadas a través de discursos motivacionales, engañados por los partidos políticos, insuflando los ánimos con dos constantes: la defensa de la religión católica y la necesidad de un modelo territorial que contribuiría al bienestar(Federalismo o centralismo). Más las huestes reclutadas por terratenientes para frenar la libertad de los esclavos, o la provocación contra la libertad de importaciones que afectaba a los artesanos, entre otros factores.
La guerra de 1895 fue una corta guerra, pero alcanzó a extenderse por varios departamentos(Cundinamarca, Tolima, Boyacá, Santander) y tuvo eco con escaramuzas ,reyertas y apoyos de rebeldes en el Cauca, Magdalena y Bolívar. Con la muerte de Rafael Núñez ,1894, en el segundo año de su cuarto mandato presidencial(en el segundo de 6 años); los liberales belicosos que desacataron los consejos de Santiago Pérez el jefe máximo de ese partido, creyeron que el ánimo de los liberales divididos se reunificaría, que la fracción de los conservadores históricos los apoyarían. Reactivaron el plan que tenían desde 1894 : Capturar al Vicepresidente Miguel Antonio Caro(encargado de la Presidencia), capturar a todos los ministros en sus casas y atacar en la madrugada los puestos militares, siendo apoyados por los grupos armados de los departamentos mencionados. Las armas ocultas desde la guerra de 1885, no funcionaron a cabalidad, la descoordinación los desarticuló, no aparecieron los rebeldes que se iban a sumar ,en dos meses solo lograron congregar de manera dispersa menos de 5000 hombres, mientras es el gobernó contó con más de 7.000 actuando de manera articulada bajo el mando de Rafael Reyes.