La cópula militar
En impúdico y delictual contubernio integrantes de la cúpula militar, hoy removida, acordaban amañar los procesos de contratación pública para favorecer determinados contratistas y así cobrar millonarias coimas.
Así se desprende del informe de la revista Semana, una vez más es la prensa y no los órganos de control, los que develan de qué manera se saquea al país.
Recordemos que todo este episodio fue el resultado de la inveterada práctica colombiana conocida como las chuzadas, por supuesto adelantadas sin orden judicial, en principio con el pretexto de la cruzada contra el terrorismo; pero cuando se revisan las conversaciones, terminamos concluyendo que las amenazas contra nuestra “democracia” que hace “Timochenco”, resultan ser una friolera frente a la gravedad de la impúdica cópula de militares y contratistas. Y pensar que algunos dudan aun, que la guerra es un “buen negocio”.
Esta vez, “el tiro les salió por la culata” a los enemigos de la paz, y por andar conspirando, chuzaron a los que no eran: a mi General, a mi Coronel… y lo más garrafal, a los acusados de falsos positivos, qué pifiada. Pero de la truculencia conocida, se tiene que sacar provecho preguntándose lo siguiente: ¿estas Fuerzas Militares están comprometidas con el anhelo de paz de Colombia? ¿Cuentan con los suficientes controles por parte del poder civil? ¿Las anima una doctrina de seguridad Nacional acorde con el posconficto? ¿El Congreso de la República evalúa con rigor y responsabilidad la hoja de vida de los altos oficiales para procurarle sus ascensos? ¿Será necesario un profundo proceso de depuración y reorientación? Las Fuerzas Militares son el soporte fáctico de la institucionalidad colombiana.
Debemos recuperar su confianza hondamente hoy comprometida, asumiendo una revisión integral de sus prácticas y convicciones democráticas.