La defensa de la Policía
Los ataques contra las estaciones de Policía y los asesinatos selectivos de uniformados se han incrementado de manera preocupante en los últimos días.
En lo corrido del año han sido asesinados 36 miembros de la institución como parte del plan pistola del clan del golfo.
Según el Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac), en la semana del 15 al 22 de julio se registraron 28 acciones violentas de diversa índole contra la institución.
El actual gobierno, el entrante, la sociedad civil, la iglesia y la comunidad internacional han condenado vehementemente estos ataques, y no es para menos, debido a lo que representa esta institución para la estabilidad del país.
Si no rodeamos a la Policía, ¿A quién acudiremos los ciudadanos ante los problemas cotidianos de inseguridad? ¿A los miembros de alguna banda, clan o pandilla? Intensiones macabras tienen aquellos que justifican estos ataques.
El papel de la Policía es preservar la convivencia y restablecer todos los comportamientos que la alteren. Por el contrario, fortalecerla es una acción fundamental en cualquier país que se considere apegado a la ley y el orden.
El nuevo gobierno ha hablado de “negociar” con bandas criminales en su búsqueda de una paz integral.
¿Son estas acciones del “Clan del Golfo” una antesala para mostrar poderío y ganar capacidad de negociación? Colombia no puede mostrarse débil ante los grupos ilegales que hacen del narcotráfico, la extorsión y otros delitos un negocio lucrativo.
El nuevo gobierno no puede apalancar las transformaciones que desea en el todo vale y en la cultura de la ilegalidad. Los ciudadanos no podemos aceptar que sean los criminales quienes impongan sus reglas o nos intimiden para lograr sus cometidos.