La democracia bajo presión

Javier Navarro Ortiz

La democracia no se pone a prueba en tiempos de calma. Su verdadera fortaleza aparece cuando en ambientes complejos de tensión y polarización las instituciones logran sostener el orden, la legitimidad y la confianza ciudadana.

Colombia se acerca a una nueva contienda presidencial y, desde ya, el ambiente político anticipa una elección profundamente polarizada.

Todo indica que en la primera vuelta existiría un claro favorito en la figura de Iván Cepeda. Entretanto, la disputa por el segundo lugar parece concentrarse entre Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia.

Si ese escenario se concreta, Colombia llegaría a una segunda vuelta marcada por dos visiones ideológicas opuestas, en un contexto donde el discurso político ha venido radicalizándose de manera acelerada.

El problema no radica únicamente en la polarización. El verdadero riesgo aparece cuando algunos sectores comienzan anticipadamente a sembrar dudas sobre la legitimidad del proceso electoral.

Cuando antes de abrirse las urnas ya se habla de fraude, se instala una narrativa peligrosa, la de desconocer los resultados si estos no favorecen a determinado proyecto político.

La historia reciente demuestra que ese tipo de discursos suele convertirse en combustible para la desinformación, la agitación social y los intentos de presión sobre las instituciones.

Además, en Colombia, existe un antecedente que no puede ignorarse, el “estallido social”.

Ese escenario evidenció la capacidad de movilización, pero también dejaron ver cómo escenarios legítimos de inconformidad pueden ser instrumentalizados por actores violentos, organizaciones criminales y estructuras interesadas en generar caos.

Hoy el país enfrenta una combinación aún más compleja, polarización política, economías ilegales fortalecidas, terrorismo focalizado y disputas territoriales que podrían encontrar en el ambiente electoral un terreno fértil para escalar tensiones.

Para el Valle del Cauca, los riesgos son particularmente sensibles. La persistencia de invasión de tierras, la presión de grupos armados ilegales en corredores estratégicos, disputas territoriales y alianzas por intereses del narcotráfico, sumado a las acciones terroristas registradas en los últimos meses configuran un escenario de alta vulnerabilidad.

Una elección polarizada podría convertirse en el detonante para protestas masivas, bloqueos, confrontaciones urbanas, ataques a infraestructura crítica y estratégica o intentos de desestabilización institucional.

Existen varios escenarios posibles. El primero es el de tensión controlada, movilizaciones políticas intensas, pero dentro de los límites democráticos.

El segundo es un escenario de conflictividad social focalizada, con bloqueos y alteraciones del orden público en ciudades estratégicas.

El tercero, más complejo, sería la convergencia entre protesta, violencia urbana y acciones criminales coordinadas por estructuras ilegales que aprovechen la coyuntura para ampliar control territorial, generar presión política y lo más crítico que se desconozca el resultado electoral y se genere una crisis prolongada.

Frente a ello, las instituciones responsables no pueden actuar de manera reactiva. La clave está en la anticipación estratégica.

Se requiere fortalecer desde ahora la inteligencia, los sistemas de monitoreo territorial y la articulación entre Fuerza Pública, autoridades civiles y organismos electorales.

También es indispensable blindar la infraestructura crítica y estratégica, garantizar la transparencia del proceso y contrarrestar de manera contundente la desinformación.

La democracia no solo se protege en las urnas. También se protege evitando que el miedo, la radicalización y el caos sustituyan el debate institucional.

El reto del país y especialmente del Valle del Cauca será impedir que se repitan escenarios como el “Estallido Social” y las calles se conviertan en escenarios de confrontación y caos.

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lunes 25 de mayo, 2026

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