La democracia que se decide en las urnas

Rosa María Agudelo

A ocho días de las elecciones, Colombia enfrenta mucho más que una disputa entre candidatos. El país decide entre dos modelos de nación. Dos visiones económicas.

Dos formas de entender la seguridad, la justicia y el papel del Estado. El problema no es la diferencia.

La democracia vive precisamente de ella. El verdadero riesgo aparece cuando la apatía ciudadana deja las decisiones en manos de unos pocos.

La polarización domina el ambiente político nacional. Muchos colombianos ven las posturas moderadas como expresiones tibias o indecisas. Preferimos los extremos.

Nos sentimos más cómodos en el blanco y negro que en la compleja escala de grises. Además, las emociones pesan más que los argumentos. La indignación moviliza más rápido que la reflexión.

Las campañas entienden esa realidad. Por eso apelan al miedo, la rabia o la esperanza inmediata.

El cerebro emocional suele derrotar al racional en tiempos electorales. Sin embargo, incluso desde esa emoción colectiva, debemos acudir masivamente a las urnas.

La democracia necesita participación. Ninguna encuesta reemplaza la voz ciudadana expresada en las mesas de votación. Ningún discurso vale más que un voto depositado libremente.

También resulta preocupante el ambiente de desconfianza que algunos sectores han querido sembrar sobre el proceso electoral. Esa narrativa erosiona la legitimidad democrática antes de conocer los resultados.

Colombia tendrá una de las elecciones más vigiladas de su historia reciente. Existen veedores nacionales e internacionales. Habrá miles de testigos electorales en todo el país.

Las garantías institucionales son amplias y robustas.

Pero la mayor garantía sigue siendo la ciudadanía. El próximo domingo no basta con opinar desde la distancia.

Colombia necesita ciudadanos presentes, conscientes y decididos frente a las urnas.

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sábado 23 de mayo, 2026

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