La encrucijada elena
Al parecer los esfuerzos de paz con el ELN llegaron irremediablemente a su fin, así lo hace pensar la ofensiva militar emprendida inicialmente por esta guerrilla al término de la tregua, como la respuesta inmediata de las fuerzas del Estado.
En el marco de éste proceso, se logró pactar el único cese de hostilidades con el ELN durante toda su la existencia, acontecimiento que nos llenó de esperanza y nos hizo soñar con una paz completa, a pesar de, entre otras, éstas fragilidades advertidas: El proceso se concibió e impulsó a la sombra del adelantado con las Farc, lo que dificultó estructurar una agenda mas allá de lo ya acordado con esta guerrilla; la metodología propuesta teniendo como base la participación ciudadana, en un país de apáticos habitantes de un Estado renuente e incapaz de escuchar al pueblo; el ideologismo de una guerrilla que tampoco escucha y que define su acción política a partir de su restringida lectura de país; la situación de una nación sin vocación y madurez para la paz.
Esta última característica destacada, tiene que ver con la ausencia de democracia. A los colombianos los convencieron que la democracia son la guerra, la pobreza y el grupo aval y que cualquier riesgo de esta trinidad, pone en peligro nuestra estabilidad institucional.
Por esto cala el discurso guerrerista, que se contrapone a las aspiraciones democráticas del país impidiendo a su vez, avanzar en la implementación del acuerdo de paz, razón en suma también poderosa de la reticencia “elena” para arriesgarse avanzar hacia la paz. Será en el gobierno entrante, porque a éste se le acabó el tiempo.