La ética hecha convicción

Jaime Alberto Leal Afanador – Rector UNAD

¿Tus actuaciones éticas siempre guardan la misma línea de actuación e integridad cuándo estás solo(a) que cuando estás acompañado(a) o hay una cámara vigilándote?, ¿cambias tu forma de actuar si de eso depende un aplauso o una sanción?

Si el cajero de un restaurante se equivoca y te da dinero demás, ¿te lo quedas si vas solo y lo devuelves si quien te acompaña se da cuenta?, ¿lo dudas, o inmediatamente le adviertes el error y retornas ese dinero que recibiste demás?

Una situación como esta, que seguramente a casi todos nos ha sucedido en algún momento, es una de las muchas que pone a prueba nuestro carácter ético.

Cuando tenemos que pensar si actuar mal y burlar la ley o lo que nos han enseñado como correcto nos puede convenir, tenemos un problema de integridad.

Quien es correcto, en todo el sentido de la palabra, no duda -nunca- para actuar bien.

Lo hace de forma instintiva y no busca argumentos para justificar un inapropiado silencio cuando, por ejemplo, a quien camina adelante se le cae un billete, para no avisarle y entregárselo.

Quien éticamente es correcto tiene una absoluta comprensión de lo que está bien y no está bien, y reconoce el hecho de que cualquier violación a las normas elementales de convivencia (no hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti) fractura la propia dignidad y la convivencia con los demás.

Quien comete un error y no lo reconoce, o el que, a solas, infringe la ley, hace un mal, guarda un silencio cómplice o se beneficia indebidamente, no ofende a quien no lo ve y no es culpable a la luz de una ley humana que no lo puede sancionar, pero es indigno de sí mismo, porque se está mintiendo.

En cambio, quien es correcto, no duda nunca y no busca explicaciones para justificar un actuar incorrecto.

Ni siquiera abre la posibilidad de buscar una explicación. Sencillamente sabe que cuando no se debe o no se puede, nunca se intenta.

Eso es convicción: La plena seguridad en el actuar propio a partir de unos principios innegociables.

Por eso, en ausencia de testigos o de cámaras, una persona correcta busca al dueño del vehículo que, sin querer, golpeó con su auto en el centro comercial; devuelve un objeto de valor que encuentra en un mueble en un club; reconoce a la familia que se equivoca en algo, así eso avergüence, o conlleve a un regaño o una risa; y no hace plagio en una evaluación, así tenga toda la posibilidad de hacerlo, entre otros muchos casos.

Aristóteles nos enseñó que “somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto, sino un hábito”.

No podemos ser buenas personas ante los demás y malas en la soledad, el silencio y la oscuridad, porque tarde o temprano la incoherencia termina dándose, e internamente es nuestra propia conciencia la que nos alerta.

Cuando buscamos siempre la “avionada“, el atajo o la ventaja indebida bajo la premisa de que “nadie se dará cuenta“, no estamos siendo inteligentes; estamos fracturando las propias bases de nuestra existencia y nuestra convivencia.

Y, como dice el dicho popular, quien las hace se las imagina: El que de forma pícara actúa, presume que los demás también lo hacen, y entonces la desconfianza, los reprocesos, los sobrecostos y la injusticia se hacen más demorados y costosos.

Por pequeña que sea, cada incorrección, y cada trampa, refleja un desprecio hacia los demás, mismos que paradójicamente son un espejo nuestro.

Por ello, es nuestra responsabilidad garantizar que el entorno directo refleje nuestra integridad, y si tenemos problemas de relacionamiento, cuestionamiento y juzgamiento por lo que hacemos o no, es posible que el centro de la manzana podrida pueda estar, lastimosamente, en nuestra propia actuación.

Hacer lo correcto cuando nadie nos ve es un ejercicio de madurez. De lo contrario, ninguna sociedad puede sostenerse únicamente sobre policías y leyes.

Actuar correctamente en silencio y sin esperar nada a cambio, es la mejor expresión de una óptima autoconducción de la vida, y esa es la óptima expresión de la dignidad humana que la buena educación ayuda a formar.

Comments

jueves 11 de junio, 2026

Otras Noticias