La fundación de Cali
En mis años escolares, cada 25 de julio, fecha de la fundación de Cali, siempre quedaba confundido. Mi maestro de segundo de primaria, me enseñó que a nuestra ciudad la fundó Sebastián de Belalcázar.
El año siguiente, mi otro maestro de tercero decía que la fundación había sido por encargo de Belalcázar o Benalcázar, cuyo nombre verdadero era Sebastián Moyano, a su lugarteniente Miguel Muñoz.
Pero mi sorpresa fue mayor cuando en viejos libros de historia de la Biblioteca del Centenario leí que tampoco había precisión sobre el sitio exacto de la fundación.
Unos historiadores la ubican en Vijes, otros en Roldanillo, incertidumbre derivada de las crónicas españolas que señalaron “se hizo en los extensos asientos de los indios gorrones sobre las orillas del río Cauca”.
Años después, con mis ímpetus adolescentes de viche historiador, les argumenté a unos contertulios ayerones, que yo consideraba se trató de una refundación de Cali, porque sólo fundan un lugar quienes levantan los primeros ranchos y allí se posesionan, como siglos antes lo habían hecho los Lilies, los Pances y los Yanaconas.
Además fundamenté mi postura histórica con el origen precolombino del nombre de Cali, que según el arqueólogo y etnólogo Carlos Cuervo Márquez, se deriva de los Calimas, esos pueblos milenarios que adoraban sus ríos como a siete dioses y conservaban un valle edénico lleno de fauna y alamedas.
Jorge Isaacs, describió esos paisajes en “María”, seduciendo a sus lectores japoneses a venir desde el otro lado del planeta a hacer empresa aquí.
Gran trabajo tiene por hacer la Academia de Historia con los semilleros estudiantiles.