La guerra de las almendras del Palacio de Nariño

Víctor Manuel García

En medio de un añejado rifirrafe entre la ahora precandidata presidencial Vicky Dávila y el expresidente Juan Manuel Santos, el premio Nobel prácticamente le redujo peso y estatura a la periodista, haciendo alusión a la precandidata como una persona que “se llenó de rencor y odio” y que, en su “ejercicio periodístico con fines políticos”, cayó en el error de acudir de manera recurrente a las mentiras y los errores arbitrarios en materia periodística.

Es más, su intención fue tal que se atrevió a llamarla en diversas ocasiones como “vickysita”, haciendo uso del diminutivo con total conciencia de lo que esto implica, pues a todas luces no lo hizo como un gesto de cariño o cercanía, sino de desdén hacia la representación propia de Vicky Dávila.

Claro, Vicky no se quedó atrás y también lo tildó de “riquito de Bogotá que no entiende las necesidades del país”, una situación enardecida aún más por defensores y detractores de cada uno de los personajes protagonistas de esta escena que ya no resulta ni sorprendente en las realidades políticas que atravesamos en el país.

Lo cierto es que Vicky está emergiendo en el escenario político con fuerza, buscando “venderse” como una figura “nueva” en el panorama político, cometido que está impulsado gracias a un enorme músculo financiero de uno de los grupos empresariales más influyentes y poderosos no solo de Colombia sino de América Latina, el cual parece haber puesto a disposición de este propósito a la revista Semana, uno de los medios de comunicación que en el pasado fue uno de los más respetados y que gozaba de una gran credibilidad generalizada en todos los sectores, algo que por supuesto desde mi perspectiva y de acuerdo a los últimos sondeos en la materia, ya no parece estar ocurriendo.

Hoy el sector de la oposición se encuentra en una encrucijada que con el pasar del tiempo pareciera no conllevar a un camino que les permita hacerle frente al gobierno de Gustavo Petro de cara a las elecciones de 2026, pues si bien hay figuras que comienzan a destacar como David Luna, quien fue escogido como el mejor senador del 2024 y que viene haciendo un ejercicio constante más técnico y menos incendiario, o como el propio Vargas Lleras que apunta a reencaucharse, o la misma Vicky Dávila, lo cierto es que si no hay unidad, difícilmente este sector podrá llegar a competir con miras a llegar a una segunda vuelta, y eso, sin contar que habrás candidatos en el “centro” que sería un error dejar por fuera de la conversación como Roy Barreras, Claudia López y la versión 3.0 de Fajardo.

Ahora, en ese ambiente tan caldeado todos nos preguntamos ¿y qué piensa el expresidente Uribe? ¿qué va a hacer? Pues en mi opinión, él y Juan Manuel Santos, de lejos han sido los políticos más audaces que ha tenido este país en las últimas tres décadas, razón por la cual aún son relevantes en el escenario electoral.

Pues bien, el expresidente en mi opinión está dando nuevamente tumbos en esta decisión y ahora es más notorio, pues el candidato que él quiere, que él desea que acoja esas banderas de la derecha, es Miguel Uribe Turbay, que por cierto es una pésima apuesta de cara a la contienda electoral, pues su falta de bagaje, de conocimiento del país, hasta de carisma, lo etiquetan como una débil carta para afrontar una campaña presidencial.

En fin, el nuevo episodio de ese enfrentamiento entre Vicky Dávila y Juan Manuel Santos, el cual podríamos llamar como “la guerra de las almendras del Palacio de Nariño”, es una muestra de lo caldeado y encrespado que está el ambiente político de nuestro país, el cual esperemos que por el bien de todos, más pronto que tarde, empiece a bajar la intensidad.

Comments

martes 10 de diciembre, 2024

Otras Noticias