La imperfección humana
Cuando cursaba cuarto semestre de economía pude comprender la estrecha relación que existe entre la sicología y la ciencia que estudia la asignación de los recursos escasos.
La función de demanda, la búsqueda del bienestar individual y el místico entramado de las curvas de indiferencia me revelaron una misteriosa cacofonía que brotaba de lo más profundo del visceral humano; secretos que han querido ser revelados desde el nacimiento de la filosofía hasta la aparición de la inteligencia artificial.
Sin embargo, aún hoy no es posible descifrar por completo la naturaleza que conduce algunas de las decisiones humanas. Esta es la explicación de por qué no se puede predecir con total certeza el movimiento de las bolsas de valores.
Este año le fue otorgado el premio Nobel de Economía al estadounidense Richard H. Thaler, un profesor de Chicago que ha investigado precisamente las conductas individuales en lo que compete a la toma de decisiones financieras.
Palabras más palabras menos, el Nobel de Economía demostró que las preferencias sociales juegan un papel importante por lo que los individuos están dispuestos a sacrificar beneficios materiales en pos de una justa distribución.
Esto puede explicar la renuencia de un barman a servir un Martini adicional a su cliente cuando está demasiado alegre o que el vendedor de paraguas no incremente precios ante una inevitable tormenta.
Son varios los premios Nobel de economía que han sido concedidos a economistas conductistas, y seguramente muchos más se otorgarán en el futuro. Pero dudo de que lleguemos a revelar el gran misterio… Porque recordemos que es justamente “el equilibrio de lo imperfecto lo que hace al Universo perfecto”.