La maldicion de Layo

Rodrigo Fernández Chois

Tema obligado: el abominable hecho de pedofilia y asesinato de la niña de Bogotá. Pero, ¿por qué un individuo mayor, perteneciente a la clase social que sea, llega a abusar y matar a un indefenso menor de edad? ¿Qué tipo de monstruoso placer le brinda esta contranatura conducta?

En definitiva, estamos ante sujetos enfermos mentales, desviados y pervertidos en el amplio sentido siquiátrico; y preciso que esta circunstancia mental jamás podrá llegar a eximirlos de castigo humano y divino.

Obtener juventud mediante el mítico sacrificio de la virginidad, conseguir parejas sexuales inexpertas que nunca podrían reprochar una incalificable conducta sexual o simplemente la sensación de dominio y poder, son tan solo tres hipótesis para explicar o tratar de entender –si se puede llegar a ello- esta inhumana conducta.

Layo fue el padre del famoso Edipo y también rey de Tebas. Cuenta la leyenda que este rey tenía una fascinación por los niños, a tal punto que llegó a secuestrar a un niño llamado Crisipo con el fin de sosegar su lascivo placer. Tanto dioses y mortales aborrecieron su actuar, y los primeros le maldijeron con el único castigo que puede  equilibrar la desbordada e incontrolable locura de un malsano Eros: el Tánatos, o sea la muerte misma. Pero no una muerte instantánea y benévola, no; Layo encontraría a Tánatos en las manos de su propio hijo Edipo.

La maldición de Layo seguramente caerá sobre el criminal que originó esta nota, y serán los propios hijos de la execrable aberración quienes guiados por los dioses ejercerán justicia con este y con todo aquel que ose marchitar la inocencia de un niño.

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    miércoles 7 de diciembre, 2016

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