La perversidad conceptual de las mal llamadas enfermedades catastróficas, ruinosas o de alto costo
En Colombia además de las múltiples deficiencias que debemos sufrir con el sistema de salud que se vanagloria de tener una cobertura poblacional casi del ciento por ciento, pero de pésima calidad, estigmatiza a los pacientes que tienen enfermedades graves con las denominaciones que les han asignado, a tal punto, que esas solas denominaciones pueden ocasionar delicados efectos psicológicos que indefectiblemente agravan su dolencia. Es el colmo de un sistema que en su dinámica privilegia las reglas del mercado de pérdida y ganancia por encima de la vida.
Decirles a un paciente y a su familia que padece cáncer, VIH, insuficiencia renal crónica o que requiere trasplante de corazón, medula ósea, hígado, riñón, etc., que su enfermedad es catastrófica, ruinosa o de alto costo, es como entregarle el pasaporte para el cementerio. Es infame, inhumano y cruel utilizar estas denominaciones para quienes ya sufren la tragedia de la enfermedad, sin importar los efectos que generan en las personas. Esas palabras para los pacientes son la radiografía de la esencia de tan deplorable régimen de salud. Y se trata de conceptos siempre utilizados por el ministerio de salud, por los médicos, jueces, abogados, etc.
Independientemente de la imperiosa necesidad de cambiar radicalmente el sistema de salud, mientras esto ocurre, por humanidad y consideración, estos conceptos deben desaparecer por completo del lenguaje para referirse a estos pacientes; no es justo, que además, de las duras y largas batallas que deben dar para que les brinden un servicio adecuado a sus necesidades, tengan que soportar la estigmatización de la dolencia. Pues se trata de seres humanos sufriendo y no de cosas. Todos al unísono debemos oponernos a tan espantoso maltrato lingüístico; ya los pésimos servicios de salud son suficientes, para que además le pongan tan horripilantes apellidos al dolor que sufren.