La posverdad
Fernando Sabater, uno de los más destacados escritores de esta época, participó en el Congreso Nacional de Infraestructura que se llevó a cabo en Cartagena la semana pasada.
Su charla “Populismo y post verdad” resumió muy bien lo que está sucediendo en nuestra sociedad en la era de las redes sociales. La posverdad es un concepto reciente con el que se definen mensajes plagados de mentiras que se viralizan gracias a las nuevas tecnologías.
Con una narrativa excelente, su veracidad puede confundir incluso a públicos algo informados. El peligro es que su intención es confundir y apela a las emociones, especialmente al miedo, para lograr ciertas reacciones.
En política, la posverdad se ha convertido en la herramienta más eficaz para desprestigiar contendores y debilitar ideologías, buscando generar desconfianza y polarización.
Hasta hace poco la responsabilidad en la producción y emisión de mensajes estaba en manos de los periodistas y de los medios tradicionales que nos regimos por unos códigos éticos y unos marcos legales que buscan garantizarle a la audiencia información verificada.
Las audiencias además tenían certeza sobre la autoría de la misma, alguien respondía por lo dicho. Ahora cualquiera puede ser emisor de información y eso debería exigir una rigurosidad de quienes ejercen ese derecho. “Compartir” no debe ser un acto reflejo, debe estar precedido por la verificación de la información. Es importante que los “nuevos informadores” tengan en cuenta que todo mensaje tiene una intención.
La posverdad le ha costado caro a muchas democracias. Buenos ejemplos son el chavismo en Venezuela, el Brexit en Inglaterra y Trump en USA. Modelos que triunfaron bajo la influencia de este fenómeno y que resultaron no ser lo que se decía.