La reelección
Los recientes resultados de las elecciones legislativas invitan a analizar el impacto que la figura de la reelección ha tenido en la profundización de las prácticas clientelistas.
Algunos analistas calculan que la famosa mermelada alcanza los tres billones de pesos, recursos que les fueron asignados a los congresistas cercanos al gobierno para aceitar las maquinarias regionales.
Este fin de semana, Especiales Pirry hizo un documental excelente del tema. El caso mejor documentado, mas no el único, que presentó fue el de los congresistas Musa Besaile y Bernardo Miguel Elías (Ñoño), de Córdoba, quienes recibieron casi $100 mil millones para ser invertidos en sus fortines electorales.
En ese ejemplo, solamente para el municipio de Sahagún, con 60 mil habitantes, se asignaron $67 mil millones. En la localidad se están pavimentando vías, haciendo ciclovías, construyendo un segundo terminal de transportes y un segundo coliseo a pesar de que no hay acueducto ni alcantarillado. Precisamente en esa población los políticos lograron duplicar sus votaciones.
Experiencias como estas se replican en casi todos los departamentos con presencia de congresistas de la unidad nacional, regiones en que se asignaron cuantiosos recursos para pequeñas obras, especialmente vías terciarias en zonas remotas.
Obras que ahora habría que auditar para garantizar que se culminen con éxito y a costos razonables. Definitivamente, estas prácticas no son nuevas pero la figura de la reelección las profundizó.
En la era Uribe fuimos testigos de agro ingreso seguro y la yidispolítica, no muy distintos al escándalo de la mermelada.
El afán reeleccionista lleva a los mandatarios a negociar apoyos con los recursos del Estado generando una distribución inequitativa. Santos ha planteado desmontar la figura en su segundo mandato, una promesa que esperaría cumpla.