La segunda vuelta
Los resultados del domingo dejan un solo ganador: la abstención. A nivel nacional alcanzó un 60%, casi 10 puntos por encima de la registrada en la primera vuelta hace 4 años, y en el Valle se ubicó en el 64%.
No hay que ser un genio para responder qué aleja a los colombianos de las urnas.
La desconfianza y el hastío. Los colombianos están cansados de escuchar promesas incumplibles, programas de gobierno irrealizables e invitaciones a construir un país equitativo que no se cristalizan.
Lo cierto es que los líderes políticos perdieron la conexión con la sociedad.
La incapacidad de hablarles a los colombianos de sus problemas se viene disfrazando con guerra sucia y sindicaciones personales entre los candidatos.
Los políticos subestiman la capacidad de crítica de los ciudadanos y los resultados del domingo deben invitarlos a realizar una campaña diferente, basada en las propuestas y en los cómo construir la Colombia del futuro.
La esencia de la democracia es la participación de los ciudadanos y para lograrla los procesos electorales no pueden limitarse a estrategias burdas de pan y circo.
En el Valle, la abstención fue aún más crítica. Efectivamente, las campañas no tuvieron planteamientos regionales atractivos y en los últimos años el tratamiento de la nación al departamento no ha colmado las expectativas de sus habitantes. Sin embargo, los vallecaucanos no pueden abstraerse del debate.
Las regiones necesitan el concurso del gobierno nacional para la solución de sus problemas y para la implementación de proyectos que impulsen su desarrollo.
Con un bajo caudal electoral, ¿cómo se le exigirá después al gobierno? La abstención lo único que logra es fortalecer los poderes que supuestamente los ciudadanos rechazan.
La abstención alimenta un círculo vicioso que le impide al país cambiar las prácticas políticas.