La suerte está echada
Einstein, el renombrado físico, no solo concebiría la Teoría de la Relatividad, sino que también legó frases para reflexión.
Entre ellas, premoniciones como la de desconocer con qué armas se libraría la Tercera Guerra Mundial, augurando que, si una Cuarta Guerra surgiera, se combatiría con piedras y palos.
Otra de sus expresiones cobra actualidad: “Temo el día que la tecnología sobrepase nuestra humanidad. El mundo sólo tendrá una generación de idiotas.” Aunque la cantidad de personas como “idiotas” podría no preocupar a algunos, al fin y al cabo, cada individuo tiene derecho a ser lo que desee, siempre que sus decisiones no perjudiquen al prójimo. Sin embargo…
En las redes sociales confirmamos que la idiotez va en aumento. Es innegable la presencia de individuos hábiles en el arte de la farsa, ejecutando actos insensatos.
Curiosamente, estos valientes que actúan sin vergüenza son recompensados por el mercado con considerables recursos.
Pero lo más inquietante es que estos individuos se convierten en influenciadores ¿Influyendo en qué? En la propagación de idioteces.
Esto no sería tan grave si no fuera por el hecho de que la idiotez puede resultar más perjudicial que la maldad.
La imprevisibilidad de las acciones de un idiota, el hecho de que este pueda dañarse a sí mismo a diferencia de un malintencionado, la generación de consecuencias no anticipadas y la capacidad de propagarse en cascada, hacen que este tema sea apocalíptico.
Debido a nuestra idiotez, los humanos podríamos enfrentar un destino similar al de los dinosaurios, y el control del planeta, más que de la humanidad, podría caer en manos de otras formas de inteligencia ¿tal vez artificial?