La teoría de los odios
Cada vez me convenzo más que la razón principal de los opositores al proceso de paz no es de ninguna manera el odio, un sentimiento tan humano, que no es suficiente en éste caso, para generar tal clima de desconcierto e incomprensión sobre los alcances del proceso; si fuese así, la propuesta de la “valeriana” para contrarrestar la ofensiva política de hacer trizas el acuerdo tendría algún asidero.
No, el asunto va mucho mas allá. Tiene que ver en lo fundamental con impedir a toda costa que Colombia transite a un Estado de mayor democracia, como se propone de manera inicial a través de la implementación de los acuerdos, en especial en los puntos uno y dos del referido acuerdo, que hacen referencia en primer término al histórico asunto de la propiedad y uso de la tierra, y en segundo lugar, a la ampliación del espectro político que supere el carcinoma del clientelismo.
Son estos asuntos, más el miedo de asumir ante la historia y la justicia sus actuaciones criminales en la defensa de un régimen opresor, antidemocrático y absolutamente injusto. A tal punto ha llegado su resolución en la defensa del establecimiento que no vacilarían de nuevo en intentar desatar una nueva gue-rra, solo que esta vez no tendrán con quien confrontar o mejor deberán hacerlo, en el marco de la confrontación política y, en este escenario, no se sienten tan fuertes, prefieren hacer guerras a través de otros y sacar provecho de ellas sin ningún costo.
No es el odio, es el desprecio por el pueblo lo que los hace actuar con tanto encono.