La verdad
La verdad que proporciona la puesta en marcha de la justicia transicional es como todas las verdades, parcial. Nadie puede asegurar que la verdad judicial dentro de un proceso penal logra desentrañar todos los aspectos. La verdad verdadera solo la conoce el imputado. Lo que dice, confiesa o revela para ganar beneficios judiciales, son verdades a medias, y de allí, junto al acervo probatorio se llega a la verdad judicial.
La verdad que proporciona y ofrece la justicia transicional sirve para esclarecer parte de los crímenes, atrocidades, ver a los protagonistas de los genocidios, entender los móviles dentro del entramado de la guerra; es una verdad que le sirve a los autores de los delitos para recibir rebajas de penas y ser encausados en el contexto del proceso de transición; le sirve posteriormente a la rama judicial para esclarecer delitos conexos, y le sirve a la crónica judicial y a la historia para entender las entretelas del conflicto.
Ni judicialmente respecto a los delitos individuales y menos dentro de una larga guerra la verdad aflorará 100% para ser leída. La primera víctima en cualquier guerra es la verdad. Inclusive, ni siquiera en las relaciones de pareja la verdad total se conoce, siempre hay ocultamientos y opacidades: la verdad es manipulable por la argumentación sesgada que oculta el interés real del que confiesa.
La justicia transicional busca también la dignificación de las víctimas, el olvido a que han estado postradas, evidencia la inacción de la justicia tradicional, la falta de eficacia, la impunidad, la humillación de las víctimas al ser relegadas, etc. Todo esto atropella y vulnera la dignidad humana; al aparecer la justicia transicional monta una justicia con un derecho de excepción que simula acabar con la impunidad y esclarecer la verdad, es una justicia de conveniencia y necesaria para aparentar hacer justicia. Esa es la gran paradoja.