Las “argollas”
Dentro de la Colombia llena de cotidianos escándalos, cuyo epicentro siempre es la capital, ha producido mucho barullo la tal “comunidad del anillo” al interior de la Policía y, con la reconocida doble moral de los opinadores, se han tratado los hechos desde visiones muy peculiares y sospechosas .
Este es un país de roscas y en el refranero popular se afirma que “lo malo es no estar en ellas”, eso hace que quien quiera hacerse rico, rápidamente, tenga que correr a instalarse en Bogotá, meca de la corrupción, y coger una “linea” o meterse a una “rosca” o a una buena “argolla” o terminar en un gran círculo de “anillos” de poder; para eso no se requiere talento ni conocimientos ni principios ni valores, todo vale, con tal de ascender. Ya no tenemos roscas sino verdaderas argollas poderosas en todas y cada unas de las ramas del poder público, secuestrado por intereses innobles, voluptuosos, soberbios, en donde la ley, la moral y la justicia no impera ni en los mas mínimo.
La muerte de la joven teniente, “suicidada” a lo Nissman, después de haber denunciado la inducción a la prostitución homosexual en la Policía y la curiosa muerte del testigo que la encontró asesinada poco valen como hechos periodísticos y entrar en intimidades es periodismo poco serio, según dijo alguien por ahí.