Las bacrim
Con este nombre eufemístico se presentó en sociedad la nueva versión de los grupos paramilitares, supérstites a la negociación adelantada con ellos durante la administración Uribe.
Las bacrim constituyen hoy la principal amenaza para la tranquilidad ciudadana en la medida que han venido mutando en un sin número de expresiones delictivas que han copado parte importante de la geografía nacional.
En informe reciente, la Defensoría del Pueblo precisa que el Valle del Cauca y en particular Cali y Buenaventura hacen parte del escenario de expansión y notable actuación de estas bandas dedicadas al narcotráfico y la extorsión, con su consabida estela de muerte y violencia evidenciada.
Hace apenas un par de años, asistíamos a la contienda sin cuartel entre ‘Urabeños’ -hoy ‘Clan Úsuga’- y los ‘Rastrojos’, terciando, cual si fuera poco, en Buenaventura, la malhadada ‘Empresa’; estos combos andaban agarrados por el control territorial y rutas del narcotráfico, resultando victoriosos los intrépidos ‘Úsuga’, al punto que gobiernan casi solitarios.
Si lo anterior horroriza, lo que viene espanta. Resulta que estos señores emprendedores han fortalecido su empresa criminal a través de la venta de franquicias, lo que quiere decir que, si algunos muchachos ‘varados’ en Cali o Buenaventura, en donde casi no hay, se levantan unos fierros, que tampoco hay, y el permiso de los ‘Úsuga’, montan una microempresa, para cualquier día tocar a nuestra puerta y someternos a una saludable jornada de ‘vacunación’.
Este es el infierno que estamos viviendo. Fortunosamente, las autoridades de policía y militares lo saben, así se lo escuché a expertos profesores de la Escuela Superior de Guerra de las FFMM en un evento académico en Cali. Este fenómeno, de no enfrentarse con firmeza, nos abocará a una nueva guerra en el posconflicto.