Las cooperativas cocaleras
Tengo una absoluta preocupación sobre la forma como se está rediseñando el mapa de la economía del narcotráfico.
Pareciera que una mano mágica está detrás en calidad de tutora de todos y cada uno de los acomodos de sus diversas variables. Las casi 200.000 hectáreas sembradas de coca y que corresponden a más o menos a unas 700 toneladas de cocaína, están creando una avalancha de acontecimientos donde hay correspondencia entre cada uno de ellos.
Las acciones para proteger la rentabilidad de estas 200.000 hectáreas apuntan a estrategias que van desde la utilización de las ventajas obtenidas en el acuerdo de La Habana, hasta las estrictamente ligadas a la operatividad del crimen organizado, que encuentra en el control territorial el fundamento de su sostenibilidad.
Lo sucedido en Tumaco, Jamundí, Nariño, Putumayo, Norte del Cauca, los santanderes y en el norte y el sur del Valle, indica que hay un plan, que puede convertirse en la dinámica de una nueva guerra, ya no la instrumentalizada por la Farc que pretendía la toma del poder por las armas, sino una más cruenta, que compromete a todas las bandas antiguas y las disidencias en una lucha a sangre y fuego por el control territorial.
A todo lo anterior se ha sumado un nuevo discurso, que amparado en la metáfora política de las luchas sociales propone a la manera de las coordinadoras farianas el reconocimiento de cooperativas de productores de coca, que mediante la protesta social pretenden apoderarse y legitimar la estructura productiva del narcotráfico, que hoy día funciona no como la suma de pequeños productores sino como una gigantesca empresa agroindustrial.