Las Fake News: ¡Una verdadera pandemia!
¿Quién no se ha asombrado con una noticia que luego resulta ser falsa? Me atrevería a decir que a todos nos ha pasado alguna vez, e incluso muchos las hemos replicado en nuestras propias redes. Desde la supuesta muerte de un personaje famoso, hasta la infidelidad de otro, pasando por cualquier mentira que a alguien se le ocurra, las redes sociales —y ahora con el impulso adicional de la inteligencia artificial— se han convertido en el caldo de cultivo perfecto para que esas falsedades se propaguen en las mentes incautas como el peor de los virus.
Seguramente hay creadores movidos por la ambición de likes y protagonismo, y otros con agendas más oscuras: polarizar, generar caos o estigmatizar. Lo más preocupante es que todos ellos actúan sin ningún tipo de control y, peor aún, potenciados por algoritmos que se alimentan del morbo y el sensacionalismo. Existen, es cierto, algunos mecanismos de verificación, pero no pasan de ser paños de agua tibia ante un problema que ya es de salud mental y social.
La pregunta es inevitable: si los algoritmos de las redes sociales son capaces de perfilar usuarios con precisión quirúrgica para venderles productos y servicios, ¿cómo es posible que no puedan identificar a los generadores constantes de noticias falsas y desinformación? Y si ya tienen esa capacidad —cosa que no dudo—, ¿por qué no proceder a sancionar e inhabilitar esas cuentas que tanto daño hacen a la credibilidad colectiva?
Esto no se trata de censura, sino de higiene informativa. Algo que, hoy día, es más necesario que nunca si de verdad queremos construir una sociedad sana y crítica.