Las heridas del secuestro

Wilson Ruiz

En el marco del conflicto armado colombiano se han cometido muchos crímenes contra la integridad personal. Homicidios, masacres, torturas, desapariciones forzadas, abuso de menores de edad y secuestros se cuentan entre las prácticas más repudiadas en la extensa confrontación, este último es tal vez el peor de ellos.

El secuestro es uno de los delitos más bajos de degradación del ser humano, nunca debió usarse como una manifestación de la guerra interna. Por eso la indignación con la presencia de los excomandantes de las Farc ante la JEP para entregar su versión sobre lo sucedido con las retenciones ilegales. El registro oficial indica que hubo 34.814 víctimas de este delito y por lo menos 522 personas fueron asesinadas en cautiverio. Las Farc no explicaron por qué encadenaban a los secuestrados, dejándolos a la intemperie en la selva.

Eran comercializados con exigencias de millonarias sumas de dinero a cambio de la libertad, que no estaba garantizada con el pago. En el caso de los miembros de la Fuerza Pública, las Farc se excusó diciendo que eran prisioneros de guerra, pero no recibían trato como tales. En los campos de concentración no había el más mínimo asomo de dignidad para los cautivos.

Ni hablar de las polémicas pruebas de supervivencia, la guerrilla mostraba videos de los secuestrados en condiciones lamentables, alardeando de ellas como si fuera una gran concesión en su ‘voluntad de paz’. Todas estas situaciones aún presentes, que alimentan el rechazo a cualquier manifestación de restricción de la libertad por parte de grupos de delincuencia, revivieron en la audiencia celebrada en la JEP, sin que las Farc puedan justificar delitos tan aberrantes.

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lunes 30 de septiembre, 2019

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