Las trampas del patriarcado
Un sistema que, durante siglos, ha impedido que las mujeres consigamos la igualdad real.
Mucho se ha estudiado sobre las brechas históricas entre hombres y mujeres. Su origen está estrechamente ligado a la exclusión de las mujeres del ámbito público: durante siglos fuimos relegadas casi exclusivamente al espacio privado del hogar y el cuidado.
Hoy persisten diversas brechas: la desigualdad salarial, la escasa presencia de mujeres en sectores tradicionalmente masculinizados como la infraestructura, la violencia contra la población femenina y la desigual distribución de los roles de cuidado, entre otras realidades.
Sin embargo, más allá de estas brechas visibles, existe un sistema invisible que nos ha sometido tanto a las desigualdades como a las luchas entre nosotras mismas.
Las trampas del patriarcado forman parte de los propios cimientos de nuestras sociedades.
Son invisibles porque esos fundamentos se construyeron en una época en la que las mujeres no participábamos de los escenarios públicos.
Estas trampas son las que nos llevan a vernos como enemigas, bajo el argumento de que somos “competitivas por naturaleza”.
Son las mismas que nos hacen creer que los roles del cuidado son exclusivos de nosotras. Y son, también, las que estigmatizan el feminismo, presentándolo como algo exagerado o amenazante.
La buena noticia es que los estereotipos culturales no son inmutables: pueden transformarse, repensarse y ajustarse.
Nuestra sociedad tiene la capacidad de avanzar hacia ese horizonte. Por eso es necesario seguir construyendo nuevas realidades (o podría ser también) nuevos escenarios desde las instituciones, desde la educación, desde las familias y, también, desde nuestra propia transformación como seres individuales.
Sigamos trabajando para que la igualdad de género deje de ser solo un objetivo y se convierta en una realidad cotidiana
@LizaRodríguez18