Las triquiñuelas del poder
Estamos a 44 días para que el presidente Juan Manuel Santos deje el poder. Para millones de colombianos será un descanso.
Creo, como muchos, que ha sido el peor mandatario de nuestra nación, a pesar de su proceso de paz, un proceso necesario para la patria, pero pleno de inquietudes y oscuridades, logrado a los trancazos para obtener un premio nobel que le costó mucho al país, incluido el viaje de ministros a Noruega, pagados con nuestros impuestos, para impulsar ese logro.
Deja un crecimiento desaforado, gracias a ese acuerdo, de hectáreas donde se siembra coca, amén de declarar el narcotráfico como delito conexo políticamente, más una JEP enredada en problemas burocráticos y presupuestales, creada con magistrados de ideología marxista, en gran parte, que solo le van a crear unos enormes líos jurídicos a la nación donde los victimarios serán inocentes y las fuerzas armadas las culpables pero, lo más horroroso, desconociendo el objetivo primordial, a las víctimas, de las que se habló mucho al inicio del proceso pero de las que se olvidó el gobierno y el Estado, cuando firmaron ese bendito acuerdo.
Santos saldrá a dar conferencias por distintos lugares del mundo, aprovechando su condición de Nobel, y tengan la plena seguridad que se jactará de responsabilizar al nuevo Presidente colombiano, de algún fracaso que se presente sobre un cronograma que deja sobre el diálogo a las carreras, en Cuba, con el Eln, situación confusa, como todo lo de su gobierno, que irrespeta la dignidad de quién apenas llega al gobierno.
Ni que decir de la deuda externa.