Límites de tolerancia
¿Hasta dónde es normal consentir con resignación las transgresiones ejecutadas en contra nuestra como sujetos de derechos?
Realizo esta pregunta como consecuencia del debate en torno a la seguridad que se ha dado en Cali por estos días. Hace dos meses escuché en una charla de seguridad al general Nelson Ramírez y comprendí lo dificultoso que resultaba combatir el atraco callejero, aun así las estadísticas respaldan que está a la baja. Pero ¿por qué entre la visión del ciudadano y los datos estadísticos que maneja el comando de la metropolitana se registran inmensas diferencias?
Quizás parte de la respuesta está en la dificultad del proceso para denunciar los robos. Desde la visita del general, en mi entorno he conocido de al menos 10 atracos, eso incluye a mi padre, sin que se haya adelantado por parte de los afectados denuncia alguna.
El argumento es simple, después de la humillación a la que uno es sometido en un asalto, viene el desconcierto ante la falta de vigilancia y justicia; además aunemos las largas horas esperando para realizar el trámite y la displicencia con la que los funcionarios encargados atienden al ciudadano.
Es bastante probable que esta sea la razón del porqué las estadísticas muestran una tendencia a la baja que contradice la sensación del colectivo. Esta circunstancia nos lleva a la siguiente reflexión y es hasta dónde la gente soportará las agresiones sin empezar a aplicar soluciones unilaterales incrementando los conflictos.
La paciencia tiene límites, esperemos que se busquen soluciones para no asistir a un desborde de violencia frente a los excesos de un grupo de malhechores.