Llano Verde
Es martes, son las cuatro de la tarde, avanzamos raudos por la Calle 27, cruzamos la avenida Simón Bolívar, ahora continuamos por la Carrera 46, cruzamos la Ciudad de Cali, después un giro y vamos por la Calle 54, de ahí la meta, el parque principal de Llano Verde.
Ahí nos espera Ingrid, la líder comunitaria con sus vecinos, conversamos, escuchamos sus aspiraciones y necesidades. En la distancia la muchachada juega fútbol y otros chicos están atentos ante la llegada de forasteros. Un hombre con su mano izquierda incapacitada me habla de cómo ellos son desplazados de Barbacoas y reubicados de la Colonia Nariñense.
Estoy en otro Cali el cual comienzo a conocer. Sus calles principales anchas, las secundarias como pasillos, con todos los servicios públicos domiciliarios. A unas cuantas calles, sobre la 54, el Municipio construye un colegio cuya imponente estructura augura un buen lugar para albergar los chicos del sector. En el parque un CAI móvil, pero ya se levanta la estructura definitiva para los policías del cuadrante.
Una gran actividad de comercio confluye alrededor de esta zona principal. Inquiero sobre sus problemas y me cuentan sobre la desocupación de los jóvenes, lo que los convierte en presa fácil de la violencia y la delincuencia.
Las casas alineadas perfectamente, los imponentes postes de alumbrado público, al fondo los farallones y reflexiono, ellos han venido del infierno pero aún continúan las repercusiones de esta lacra social y me cuestiono ¿tenemos programas para resocializarlos efectivamente? Talleres de lectura, escritura, pintura, ejecución musical y de deportes asistidos por profesionales en cada materia son una excelente solución. Esa es la tarea a realizar para reincorporar a esta comunidad a una vida con un mejor porvenir.