Lluvia cruel

Fabio Cardozo

Como reza la canción del Gran Combo, es lo único que cae en Cali ante la ausencia del agua “bendita” que necesitamos para vivir. Todos los días, a distintas horas, vemos como desde el cielo manan pavesas ennegrecidas que ensombrecen el horizonte y el alma. Todo en Cali se contamina con este omnipresente tizne: las casas, los carros, la ropa, el agua del perro, la vida. Por las voraces quemas de caña, Cali es una ciudad sucia, triste y todo para que unas pocas familias llenen sus bolsillos, gracias a la bondad del Gobierno Nacional, traducida en subsidios, aranceles y alcohol carburante.

Este poderoso gremio de azucareros se ha apropiado para sí no solo de nuestras aguas superficiales, sino que agota las reservas acuíferas. Mientras muchos municipios en el Valle se mueren de sed, los cogollos verdes de la caña florecen raudos, gracias al prodigio sin restricción de nuestras preciadas aguas.

¿En donde quedó el plazo de 10 años otorgado por el gobierno, en los tiempos de Cecilia López, cuando fue minambiente, para que cesaran las quemas que nos conducirían del Valle feraz y verde, al pandemonio árido y tórrido?.

Jamás me he comido el cuento que los ingenios constituyen palanca del desarrollo, creo que este espejismo no es más que el subterfugio para justificar todas sus prerrogativas, tengo claro, en cambio, que sus trenes acaban inclementemente con las vías; que generan empleo, sí, como el que dramáticamente nos ilustra la película La tierra y la sombra, en donde se explota de manera pavorosa a la gente humilde que habita  cercada por los  infernales incendios del monótono paisaje de las plantaciones de caña. Es cierto, al final aportan el grano de azúcar costoso, para que sea engullida por sus víctimas enfermizas.

Comments

    jueves 10 de septiembre, 2015

    Otras Noticias