Lo que Colombia nos dijo… y el Valle no quiere escuchar

Edwin Maldonado

Las elecciones del pasado domingo dejaron mucho más que dos candidatos clasificados a la segunda vuelta presidencial. Dejaron un mensaje político, económico y social que merece ser analizado con atención.

Durante meses la campaña estuvo marcada por la polarización, las controversias y una participación política del Gobierno Nacional pocas veces vista.

Sin embargo, cuando llegó la hora de votar, millones de colombianos parecieron expresar preocupaciones mucho más concretas: la inseguridad, la crisis de la salud, la corrupción, el deterioro económico de los hogares y la incertidumbre frente al rumbo institucional del país.

Quizás por eso el gran fenómeno de esta primera vuelta fue Abelardo de la Espriella. Más allá de simpatías políticas, los resultados confirman que supo leer mejor que nadie la inconformidad de millones de colombianos frente a la inseguridad, la salud, la economía y el rumbo institucional del país.

Abelardo obtuvo cerca del 44 % de los votos frente al 41% de Iván Cepeda. Más importante aún, al sumar los apoyos de las demás candidaturas alternativas al continuismo, queda en evidencia que una mayoría de colombianos expresó su inconformidad con este gobierno.

Adicional al voto de rechazo, las urnas también dejaron otra lección importante: Colombia sigue siendo un país profundamente dividido. El mapa electoral mostró dos realidades distintas.

Mientras Abelardo dominó buena parte del centro del país, exceptuando Bogotá, Cepeda consolidó su fortaleza en amplias zonas de la periferia.

No se trata únicamente de una diferencia ideológica. También refleja brechas económicas, sociales y territoriales que Colombia arrastra desde hace décadas.

Y esa división tiene una dimensión territorial que el Valle del Cauca no puede ignorar.

Mientras a nivel nacional Cepeda obtuvo cerca del 41 % de la votación, en el Valle alcanzó el 53,17%. Mientras Abelardo ganó la primera vuelta en el país, en nuestro departamento obtuvo apenas el 33,75%.

La diferencia también se refleja en Cali, donde Cepeda alcanzó el 51,4% de los votos frente al 35,3% de Abelardo.

Y en Buenaventura la distancia fue aún más contundente: más del 80% de los votantes respaldaron a Cepeda.

Las cifras muestran que el Valle votó de manera distinta a buena parte del país. Y eso plantea una pregunta incómoda: ¿Cómo explicar que una de las regiones más afectadas por los incumplimientos del Gobierno Nacional siga siendo uno de sus principales bastiones electorales?

Cali continúa esperando avances reales en proyectos estratégicos como la modernización del Aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón, la primera fase del Tren de Cercanías y, sobre todo, un mayor respaldo frente a la violencia y el terrorismo que golpean al suroccidente colombiano.

Buenaventura representa una de las mayores contradicciones. Allí siguen pendientes el dragado del puerto, el fortalecimiento y modernización del Aeropuerto Gerardo Tobar López, el Tren del Pacífico, Mulaló-Loboguerrero y, quizás lo más importante, una solución definitiva para el acueducto.

Todo esto, sumado a la crisis de seguridad, son necesidades históricas que afectan directamente la competitividad, la calidad de vida y las oportunidades de miles de ciudadanos.

A ello se suman numerosos proyectos prometidos para el Valle del Cauca que hoy permanecen bloqueados, estancados o avanzan a un ritmo muy inferior al esperado.

Por eso vale la pena preguntarnos si estamos evaluando a los gobiernos por sus resultados o por sus discursos.

Tal vez durante años hemos dado por sentada la importancia de la seguridad, la inversión privada, la infraestructura y las instituciones.

Tal vez no hemos logrado explicar con suficiente claridad que sin empresas no hay empleo, que sin inversión no hay oportunidades, que sin seguridad no hay inversión y que sin infraestructura no hay desarrollo.

La segunda vuelta será decisiva, pero los desafíos del Valle seguirán siendo los mismos.

Por eso la verdadera pregunta no es únicamente quién ocupará la Casa de Nariño durante los próximos cuatro años.

La verdadera pregunta es si el Valle tendrá la capacidad de unirse alrededor de una agenda común de desarrollo y exigir el cumplimiento de los compromisos con la región, independientemente de quién gane la Presidencia.

Las campañas terminarán. Los gobiernos pasarán. Pero los desafíos del Valle permanecerán.

Y ojalá que, así como Colombia habló con claridad el domingo, el Valle también esté dispuesto a escuchar.

Porque el Valle que merecemos no se construye con discursos, relatos o promesas. Se construye con seguridad, inversión, empleo, infraestructura y resultados.

@edwinhmaldonado

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miércoles 3 de junio, 2026

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