\”Lo que se hereda…

…no se hurta\”, reza un viejo refrán refiriéndose a lo que nos es propio por naturaleza genética. ¿Quién puede robar el color de nuestra piel o de nuestros ojos? Seguramente por esta peculiaridad evolutiva que tenemos los seres vivos es que muchos suelen también decir que la genialidad o incluso la irresponsabilidad son heredables; y concluyen los mismos que \”de tal palo, tal astilla\”. Sin embargo los biólogos evolucionistas son firmes en subrayar que -y perdonen lo refranero de la nota- \”una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.\” Pero a pesar de la biológica postura al hilar delgado se encuentra que existe cierta razón en lo que compete al carácter heredable del último defecto mas no de la primera virtud. Fue en un estudio realizado en la Universidad de Harvard donde se demostró que la genialidad no es heredable. La investigación reunió una muestra de quinientos personajes que habían recibido el Premio Nobel de literatura y ciencias y concluyó que ni en la ascendencia ni en la descendencia de los laureados había elementos que permitieran afirmar que la genialidad es heredable. Por el contrario, otros dos estudios, el primero realizado por la Asociación de Contadores Públicos Certificados de los EE.UU. y el segundo por la Universidad de Carolina del Este, sí demostraron que la irresponsabilidad de los padres en lo que respecta al manejo de las finanzas -deudas, derroche, etc.- si es fielmente imitada por los hijos. ¡Es que en cuestiones de dinero no hay lógica evolutiva que valga!

Mi conclusión -además de la obvia de reforzar la educación financiera en casa- es que en lo que respecta a legados \”financieros irres-ponsables\” siempre será mejor recibir como herencia un gato con botas que un burro y un molino.

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    martes 6 de noviembre, 2012

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