Luis Antonio Cuéllar

Leonardo Medina Patiño

Cuando ingresamos a la facultad de Derecho, estudiantes primíparos con el entusiasmo del primer día, fuimos recibidos por un profesor de saco y corbata, que nos explicó los alcances de ser abogado en el siglo XXI.

Hizo reflexiones generales alrededor del derecho civil, de la justicia, de la historia.

Luego estuvo como docente de la cátedra de bienes, y así nos fuimos encontrando en la vida. En algún almuerzo con amigos, en ceremonias de académicos o en conferencias dictadas por él en logias masónicas (sin él pertenecer a alguna de ellas), y hace poco volvimos a estrecharnos en los temas de debate alrededor del monumento a Belalcázar, dada su posición como presidente de la Academia de Historia del Valle del Cauca.

Y en esa vía, el pasado 3 de julio, cuando la ciudad conmemora un año más de la anticipada gesta de independencia, fue condecorado con la más alta distinción que otorga el Cabildo.

Allí estaba mi profesor y amigo Luis Antonio Cuéllar, quien avanza la culminación de un doctorado en historia a sus noventa y tantos años.

Homenaje más que merecido, como estas líneas, que las hago para unirme fraternalmente a ese reconocimiento.

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jueves 14 de julio, 2022

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