Luz en la poterna
Esta semana fui invitado con un grupo de columnistas a departir un almuerzo con el burgomaestre de la ciudad y con parte de su equipo de gobierno. El objetivo de la honrosa invitación: presentarnos a los columnistas de opinión el Plan de Desarrollo de Cali 2016–2019.
Voté por el actual alcalde, incluso escribí una nota incitando a hacerlo, pero no había tenido la oportunidad de conocerlo al hoy señor alcalde.
En la medida en que se desarrolló la reunión, pude concluir que tenemos en el timón del barco a un pragmático capitán. ¡El modus operandi propio del sector privado, en el que la eficiencia y ejecución son estandartes, aflora por sus poros! Una visión de ciudad surcada de ciclo vías, como Sao Paulo, priorizar el desarrollo comercial por encima de los controles a ultranza de parqueo vehicular, reconocer que la eliminación de la restricción horaria para el funcionamiento de los negocios nocturnos no tiene efectos negativos –sino lo contrario- en la violencia y la invitación que hizo a los dos sindicatos más representativos para formar parte de la junta directiva de Emcali, nuestra principal empresa, son muestra de un quehacer y pensar práctico no muy propios del sector público.
Su forma clara y directa, estilo “al pan, pan y al vino, vino”, generará resistencia en la burocracia acostumbrada a la desidia y a otras tantas virtudes públicas. Mucha suerte al señor alcalde, especialmente con su reto de agarrar al toro por los cuernos en lo que concierne a la Secretaría de Tránsito. Hoy, en la Alcaldía de Cali, hay luz en la poterna y guardián en la heredad.