Maestros por siempre
El Ministerio de Educación Nacional, mediante el decreto 0996 del 4 de mayo de 1951, determinó celebrar cada 15 de mayo el Día del Maestro, en reconocimiento a quienes entonces cumplían con los programas oficiales, repletos de virtud, cultores de la tradición e instructores con palmeta y pizarrón, que exigían a sus alumnos las lecciones de memoria.
Así se empezó a reconocer que gracias a los maestros la sociedad cuenta con hombres útiles.
“Usted formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para la grandeza, para lo hermoso. Yo he seguido el sendero que Usted me señaló”, le escribió Simón Bolívar a su maestro Simón Rodríguez.
Las personas recuerdan a los maestros de la infancia porque les enseñaron a leer y se parecían a los sustitutos de sus padres.
“Dedico este premio a mi primera maestra Rosa Elena Fergussón del Colegio Montessori de Aracataca, que a los cinco años me hizo enamorar platónicamente de ella y realmente de la literatura”, declaró García Márquez a la prensa en Estocolmo.
Para otros, fueron más importantes los profesores de bachillerato: “A medida que pasan los años y advertimos nuestras debilidades, más se me levanta el recuerdo de Pedro Henríquez Ureña, aquel profesor de mi adolescencia.
Era una concepción del mundo que con amabilidad admitía hasta las preguntas más chocantes de sus alumnos”, dijo Ernesto Sábato.
Aunque hoy se piense que la docencia sea una manera simple de ganarse la vida y haya quien pregone diatribas contra los maestros, somos justos y bondadosos, precisamente porque de niños contamos con esos seres humanos que escogieron la noble vocación de educar.