María Gómez Lara
La poesía tiene, entre otras virtudes, la de ser un refugio en épocas de adversidad. En este momento es imprescindible. Por eso abordé el poemario “El lugar de las palabras” de la ya sólida poeta María Gómez Lara, hija del ex fiscal Alfonso Gómez y la escritora Patricia Lara.
Le he venido siguiendo sus pasos poéticos desde su libro “Después del horizonte” y cada que publica se le observa el afinamiento en su oficio, en el trabajo diario con la palabra, con la imagen.
“Contratono” es uno de sus poemarios más destacados al haber obtenido el premio internacional Loewe a la creación joven. Su admiración por Eugenio Montejo es casi devocional, se puede palpar en sus versos y en la tesis de su grado de literata.
A fines de año nos sorprendió con “El lugar de las palabras”. Un poemario escrito casi desde el abismo, al habérsele detectado un tumor cerebral en forma de corazón (las cosas de la vida) cerca del sitio donde el cerebro tiene su espacio reservado para el lenguaje.
Con sus poemas nos lleva de manera ruda, triste a veces, por los pasillos del hospital, de los escáneres cerebrales, de las citas médicas, de la cirugía y su correspondiente cicatriz, mostrándonos sus miedos, ansiedades, pero también la benevolencia con que se aprecia la vida.
Su poemario es una enseñanza para crecer ante el dolor, para edificarnos en la frustración, para retomar la vida contemplando el verdor, el aire, el fuego, la esperanza, esa a la que estamos aferrados por estos tiempos de vértigo y miedo.