Marta Beltrán en City TV
Cuando el doctor Jaime Galarza fue elegido como Rector de la Universidad del Valle, un grupo de amigos lo recibimos como el triunfo de una generación.
En su mayoría socialistas, un gran sector derivado del Troskismo y otros que como yo, a pesar de mi amistad con Galarza, quien en compañía de mi hermano Hugo (ellos se conocieron antes) me llevaban a ver al América en la tribuna norte.
La fiesta empezó en la Rectoría y terminó en un lugar que llamábamos Los Arbolitos, un restaurante, al final de la Avenida Sexta.
Ya cuando caía la noche, Galarza me llamó aparte, y me dijo: “Te voy a nombrar como director del periódico que hemos soñado por años y también como Editor de la Editorial”.
En cuanto a lo segundo no había editorial, la Universidad no publicaba nada, casi desde los tiempos de antaño cuando Alvaro Escobar fue rector y Miguel Yusti se encargó del departamento de publicaciones.
Con asesoría externa de impresores tradicionales de la ciudad, hicimos un balance de lo que había en máquinas, se reunieron en un solo lugar y empezamos a producir libros como deseaba Galarza.
Al frente de ese cargo estuve dos años, un poco menos, por las intrigas de los profesores docentes y áreas de Filosofía y Comunicación social que no soportaron que yo hiciera 220 libros en ese periodo.
La Palabra fue otro cuento que empezó regular.
Galarza me dijo que nombrarámos un comité editorial de amigos profesores para que yo tuviera un respaldo académico.
Muy rápidamente recompuse la estructura para hacerlo con los estudiantes y en el proceso de trabajo, que era endemoniado, dejé de lado a los profesores, aunque amigos míos, lentos, sin capacidad de hacer textos en 15 días.
Mi idea fue hacer un periódico de verdad, aun en la distribución que se vendiera en los puestos, con publicidad radial.
Todo ese mecanismo lo inventé y me fui rodeando de un grupo de estudiantes, en su mayoría de Comunicación Social, aunque era el departamento que más enfrentamientos tenía conmigo.
Después de 10 años hice historia, un periódico inolvidable, una experiencia única, por donde pasaron el actual director de El Tiempo, Andrés Mompotes, Fernando Gómez, actual director de información cultural de El Tiempo, un jovencito palmireño que por entonces iba a mi apartamento para llevarse diez novelas de escritores americanos.
Yo le decía, lleva cinco, las lees y te presto las otras cinco. Y entre las mujeres, que fueron muchas, tenaces, que entendieron mi mensaje de hacer las cosas, apareció una jovencita que yo conocía por sus padres, Marta Beltrán.
Marta hoy ha sido nombrada directora de información de City TV, un cargo altísimo, donde solo ha llegado por su carácter y su talento desmedido.
Debo agregar que ella no sólo fue Jefe de Redacción de LA PALABRA, sino que en 1995, me colaboró para hacer la edición final del libro Abran paso(yo no escribía en computador), y un año después, me ayudó extraordinariamente durante 6 meses haciendo la edición final de mi libro Memoria de la Sonora Matancera, un material acumulado durante 7 años de hablar con músicos cubanos.
Marta Beltrán se merece que yo haga remembranza de una época hermosa que posibilitó Galarza, aunque le pagaron con un canazo.