Más fibra, menos plástico
La discusión para alzar los salarios, siempre se fundamenta con la defensa de la canasta familiar. Así, el concepto de canasta familiar en los jóvenes se reduce a los porcentajes que reclaman los bolsillos ante los nuevos precios.
El asunto consiste en evitar las diferencias abismales entre el poder adquisitivo de la moneda y los nuevos precios. Por eso la juventud entiende esos informes económicos que se titulan: “Se atenta contra la canasta”, “Cayó la canasta”, “Se sostiene la canasta”, “Le fue mal a la canasta “o, los más optimistas, “Le fue bien a la canasta”. Pero ningún joven relacionará la canasta con aquellos cestos redondos tejidos con juncos que sus padres tenían que ayudar a cargar a los abuelos cuando iban al mercado.
Las nuevas generaciones no lo saben porque fueron damnificadas con el relevo de la canasta por las bolsas de plástico que sirven de empaque y que finalmente van a parar a las playas y al fondo de los mares amenazando el equilibrio ecológico del planeta. En cada cocina la canasta lucía en un lugar digno para indicar la opulencia o la pobreza de la familia.
Al ser llevadas a las plazas de mercado parecía que las canastas acogían una convocatoria ferial. Digo mejor, canastas y canastos, para preservar la igualdad de género, aunque nunca les observé diferencia alguna. En estos tiempos de campañas para burgomaestres y gobernado-res, apoyaría a aquellos candidatos que prometan emular, mediante decretos municipales y departamentales, esas medidas administrativas de los actuales mandatarios de Bucaramanga y Boyacá, con el lema “Más fibra, menos plástico”.