Más pena que gloria

Por fin salió y por la puerta de atrás el Consejero de Estado William Giraldo, el cual será recordado no por sus aportes jurisprudenciales a la jurisdicción contencioso administrativa, debido a que no hizo ninguno, sino que se le recordará por ser el magistrado de Alta Corte que más se atornilló a su puesto, porque no así a la dignidad que conlleva tan alta posición, su terquedad al querer permanecer en el cargo por encima de todos y contra todos conllevó una indignidad a la magistratura que venía ostentando y al creciente desprestigio de las Altas Cortes colombianas.

Giraldo es el ejemplo de lo que no debe ser ni encarnar un magistrado de Alta Corte: en su poco tiempo como Consejero de Estado, se convirtió en el primer lobista del más alto Tribunal de la Jurisdicción Contenciosa Administrativa en el Congreso de la República, pero no para mejorar las condiciones en que se administra la Justicia Contenciosa, ni para tornarla más ágil; no, hizo el lobby buscando un interés personal y mezquino, el cual fue el cambio de la edad de retiro forzoso para beneficio propio.

Gracias a la Corte Constitucional, que en sentencia de revisión de una controvertida acción de tutela interpuesta por el Consejero lobista, hoy lo saca del recinto sagrado del Consejo de Estado, que no debió pisar nunca en su calidad de Consejero y después nos quejamos de la campaña de desprestigio contra las Altas Cortes, la cual no va a parar, hasta que la Sala Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura no mejore el perfil de los abogados más no juristas que envía a la Corte Suprema y al Consejo de Estado para que estas Cortes llenen sus vacantes.

De otra parte, siguen los desafueros de los escoltas del ex magistrado de la Corte Suprema Yesid Ramírez.

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    domingo 10 de febrero, 2013

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